Wearables a la conquista de la pasarela y del street-style

Tecnología

El Prêt-à-porter tiene una connotación intrínseca de usabilidad. Frente al refinamiento y la sofisticación de la alta costura, esta corriente de moda industrializada nace en los años 50 como una respuesta pragmática al exceso detallista que solo podían permitirse unos pocos. La moda, en definitiva, se democratizó. Ese afán por trasvasar barreras, tejidos, diseños y formatos puede estar detrás de la adopción reciente por parte del mundo de la moda de los wearables o dispositivos que se llevan puestos, con perdón de Fundéu, que propone la alternativa de tecnología ponible. En TcTrends 2016, repasamos algunas de estas tecnologías pensadas para cambiar las constantes de nuestra vida diaria.

Pero, ¿ha logrado la tecnología wearable los mismos hitos en la moda que en otros campos donde sí ha supuesto una cierta transgresión (como el fitness o la salud)? Hasta ahora, no. Esta tecnología -cuyo punto de inflexión podemos situar en el lanzamiento de las Google Glass (2013) y del Apple Watch (2014)- debe aspirar a ser tan práctica como el prêt-à-porter si quiere dejar de ser el medio y convertirse en el mensaje.

Vamos a hacer un repaso de algunos de los wearables que se han visto en los últimos años sobre la pasarela. ¿Conseguirán bajarse de la gran tarima de la moda a los armarios más verosímiles?

Wereables sobre la pasarela, ¿realmente funcionales?

Muchos diseñadores y firmas han sucumbido a la simbiosis perfecta que conforman moda y tecnología. Belleza y funcionalidad en una aspiracional fashion 3.0 que, a pesar de su originalidad, todavía no ha conquistado al más práctico y ponible street-style.

La diseñadora belga Diane Von Furstenberg es una de estas nuevas devotas tecnológicas que aprovechan sus colecciones para innovar: en 2012, llevó a la pasarela de Nueva York las gafas de realidad aumentada Google Glass, complemento estrella de su colección Titanio, como una prolongación concordante de los diseños que lucían las modelos.

Hasta Sara Jessica Parker se las probó en el front row de aquella edición, pero ni con ayuda de una top influencer consiguió el gigante de internet popularizarlas (su precio, hay que añadir, giraba en torno a los 1.500 dólares).

Google Glass.

Google Glass. Fuente: DailyMail.

La marca londinense Cute Circuit ha tenido más éxito confeccionando prendas con luces LED, camisetas que cambian su diseño en función de las actualizaciones de Facebook o bolsos interactivos que, conectados con el smartphone, reproducen mensajes o tweets. Uno de sus hitos es el vestido Twitter, que proyecta en su tejido tweets emitidos bajo el hashtag #tweetthedress.

Lo lució Nicole Scherzinger durante una gala y causó sensación. Estos diseños, sin embargo, sirven más para exponerse en museos –de hecho muchas de las piezas se manufacturan para este fin- que para convertirse en outfits cotidianos.

Vestido Twitter. Fuente: Cute Circuit

Vestido Twitter. Fuente: Cute Circuit

Xuedi Chen y Pedro G. C. también han emprendido su propio camino en el mundo de la tecnología wearable y han diseñado un corsé fabricado con una impresora 3D que se sincroniza con las plataformas sociales de quien lo lleva para alertarle cuando se utilizan en exceso. Cuanta más información comparte el usuario, más transparente se vuelve la prenda. Así, consultar Twitter o actualizar Facebook puede dejar a la persona literalmente al desnudo.

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Corsé de Xuedi Chen y Pedro G. C. Fuente: Xuedi Chen Vimeo.

Las joyas de Cuff o Finder, con su bolso iBag que alerta a los compradores con una luz intermitente cuando han desembolsado más dinero de lo convenido, son otras marcas que han despuntado en el mercado con complementos que, además de prácticos en cierto sentido, no han renunciado a la importancia de un buen diseño.

Al intento de estas firmas nicho porque la tecnología se lleve puesta se suman otras bien conocidas como Tommy Hilfiger, Victoria Secret’s, Moschino, Polo Ralph Lauren o ahora Fossil, Michael Kors y Emporio Armani, que tendrán su propio smartwatch en 2016.

Los ‘appsorios’ más in

Gafas, brazaletes, anillos y pulseras, todas las formas de complemento han sido susceptibles de convertirse en wearables, unos con más éxito que otros. Así, tenemos ejemplos como los relojes inteligentes –smartwaches– Galaxy Wear de Samsung, que Moschino adoptó como complemento en la pasarela milanesa de 2014, o Apple Watch, que incluso lanzó una colección en colaboración con la firma francesa Hermès. Armani, Lacoste, Tommy Hilfiger, Coach, Juicy Couture, Diesel y Kate Spade y Fossil, que pretende lanzar 100 wearables diferentes en 2016, son otras de las marcas que han apostado por los smartwaches.

Las Google Glass, como ya se ha mencionado, no tuvieron el éxito esperado, pero sirvieron de inspiración para otras marcas que han hecho sus propios intentos, como la española Weon Glasses o las japonesas Jins Meme, cuyos diseños tienen un aspecto menos de gadget y más de gafas al uso.

Las pulseras se han popularizado más en el mundo del fitness, como las Wetech o las clásicas de Fitbit, Jawbone, Nike o Adidas. De estilo lujoso y sofisticado podemos mencionar la pulsera inteligente de Intel, MICA, que integra en su diseño materiales como el oro, las gemas, el zafiro o la piel de serpiente y que hizo las delicias del público en la Semana de la Moda de Nueva York, donde se han llegado a ver vestidos gif o emojis inteligentes que se llevan en forma de broche.

En cuanto a anillos, Ringly por ejemplo ha logrado crear un anillo de confección clásica que se sincroniza con el teléfono para avisar de notificaciones y llamadas.

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Fuente: Ringly.

Es el camino que previsiblemente tomarán estas marcas de complementos: crear piezas que no parezcan lo que son. Otro ejemplo de anillo que combina un bonito diseño con una funcionalidad a medida es el de Ungaro. En este artículo hay ejemplos de joyas conceptuadas más para fashion victims que para nerds.

El objetivo de los wearables se encamina a integrarse más y mejor en las prendas que utilizamos cada día. De no ser así, estamos seguros de que surgirán firmas que apuesten por integrar wearables en sus diseños, pero más como un acto de extravagancia y diferenciación que con una intención real de ofrecer un servicio útil y práctico al consumidor medio.

Si se quieren evitar decepciones como las Google Glass –el gigante preveía que se venderían alrededor de 9,4 millones de gafas en todo el mundo hasta el año 2016 y lo cierto es que algunas fuentes hablan de 250.000- los wearables deben aspirar a ser más estéticos, funcionales, sutiles y asimilables para la mayoría de niveles adquisitivos. Esperemos que lo mejor esté por venir. ¿Será 2016 el año de los accesorios inteligentes?

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