#TcExperience… Comienza una nueva vida 2.0

Good Rebels

Ya han pasado casi tres meses desde que Asier Albistur y Javier Esteban comenzaran su experiencia en Territorio creativo. #TcExperience fue lo que les hizo irrumpir en el mundo 2.0. Uno entraba para crecer en un planeta emergente y otro para conocerlo y así proyectar su carrera hacia un Periodismo más tecnológico. Hoy, en #TcBlog, los protagonistas de esta historia nos cuentan sus ilusiones y anhelos de este experimento. Algo que, probablemente, cambiará sus vidas.

Érase una vez, Asier:

Escribir sobre una vivencia a punto de terminar resulta agridulce. El lado amargo es, por supuesto, recordar que no se volverá a vivir. El aspecto positivo, darse cuenta de todos los recuerdos y el aprendizaje que uno se lleva consigo cuando sigue adelante en su vida. Para mí, ante todo, el #TcExperience ha supuesto eso, una muy positiva experiencia vital que he podido añadir a mi colección. Acepté la oportunidad que Territorio creativo me brindó porque consideré que podría ser un buen complemento a mi perfil de Planner y consultor de comunicación. Me interesaba sumergirme en el mundo de los medios sociales por cuestiones obvias: son una herramienta cada vez más indispensable para construir relaciones entre marcas y usuarios. El proyecto me permitiría conocer la dinámica interna de una empresa puntera en el sector, participando activamente en proyectos reales.

#TcExperience me ha aportado lo que buscaba. He recibido la visión y los conocimientos de grandes profesionales que me han acogido como uno de ellos desde el primer momento y no sólo me han enseñado, sino que además han estado dispuestos a escucharme y tener en cuenta mis aportaciones. Territorio Creativo es un lugar especial, no es una agencia y consultora al uso. Se podrían enumerar muchas razones, pero estas tres son las que más me han llamado la atención como habitante temporal del ecosistema Tc, y las que más considero que influirán en mi trayectoria futura.

  • Cultura interna

Una paradoja habitual en el mundo de las agencias y consultoras es la tendencia a cuidar con esmero la marca de los clientes, pero a descuidar la de uno mismo. Esto no ocurre en Territorio creativo. El equipo se empeña en aportar soluciones a sus clientes, y lo hace con el mismo ímpetu por desarrollar su propia marca con el objetivo de proyectarla hacia el exterior y, sobre todo, convertirla en motor de una cultura interna aglutinadora e inspiradora. Cada persona que trabaja aquí, cada “teceriano”, tiene un perfil único y una historia especial, pero sus visiones personales añaden a un conjunto con marcada personalidad propia.

  • Actitud

Implicación y motivación son conceptos tópicos, pero en Territorio creativo cobran sentido real. Los primeros días me sorprendió ver que los miembros de diferentes equipos se volcaron en orientarnos, ya fueran Community Manager, Analyst, Strategist o directores de cuentas. Y he comprobado que esta disponibilidad a enseñar y compartir es constante y generalizada, no sólo en los muchos eventos de formación programados, sino también en el día a día. Sin duda, la proactividad y la búsqueda de la mejora continua está en el ADN de los “tecerianos”.

  • Personas

Sin embargo, como ocurre con todas las etapas de la vida, lo que más me ha marcado ha sido la gente con la que he compartido estos meses. Tanto a la hora de trabajar, como en los momentos de ocio y relax, me han arropado y acogido con total naturalidad. Desde el primer momento me he sentido un “teceriano” más. Sólo por haber conocido a tanta gente extraordinaria (con algunos espero coincidir en futuras aventuras) me siento completamente satisfecho de esta gran experiencia.

Érase una vez, Javier:

“Renovarse o morir” -titula su experiencia.

Hace ya unos largos meses la editorial donde trabajaba, que llevaba mucho tiempo haciendo regulaciones de plantilla, decidió prescindir de mis servicios. A pesar de llevar más de 12 años trabajando en sus revistas de motor, haber colaborado muy activamente en crear y encumbrar a una de ellas en lo más alto del ranking de ventas de nuestro país y haberla posicionado en Internet… pasé a engrosar las inmensas listas de desempleados, ¡maldita crisis!

Como un boxeador que no espera el golpe quedé noqueado en un primer momento, pero pronto comprendí que no sirven de nada las lamentaciones ni los culpables sino la búsqueda activa de empleo. Así lo hice en la forma tradicional con poco o nulo éxito en un mercado laboral cada vez más cerrado para una persona mayor de 45 años, por no decir inexistente, y en sectores que estaban en total decadencia como era el mencionado ámbito editorial y el del automóvil, del cual soy un apasionado y experto.

También puse en marcha un par de novelas y un ‘plan B’ por si no lograba el objetivo; me involucré en el análisis de varios negocios y en la elaboración de diversos planes de empresa, pero en todos los casos choqué con la dificultad de encontrar financiación o con el pánico natural de perder los limitados recursos que me quedaban en un entorno de consumo negativo. Así que mis ilusiones emprendedoras se quedaban en lo que vulgarmente se conoce como ‘agua de borrajas’. Eso sí, aún mantengo intacto el espíritu emprendedor y mi fe por mis proyectos empresariales, originales, sensatos y útiles a la sociedad.

Me decidí entonces a probar en LinkedIn porque tenía claro que las redes sociales eran el presente y el futuro de la comunicación, estaban cambiando la forma de hacer Periodismo sino lo había hecho ya, rompían moldes de comportamiento social, superaban todos los récords de audiencia, copaban las estrategias ‘marketinianas’ de las empresas más innovadoras, iniciaban revoluciones… y lo más sorprendente, superaban a la propia plataforma que les cobijaba, Internet, en ‘inmediatez’ y acercamiento de conocimiento y personas, por su perfecta adaptación a la tecnología móvil.

Y hablando de personas, habían convertido en periodista a cualquier sujeto que tuviera algo que decir o contar, a líder a cualquier ‘mindundi’, a artista a cualquier loco, a locos a evidentes artistas. En cuatro clics las redes sociales dan voz y voto a todo ser humano, a cualquier mudo y van afinando el oído a ‘algunos sordos’. Los resultados fueron espectaculares, de pasar meses sin apenas una entrevista a incrementar exponencialmente mi lista de contactos y posibilidades laborales, recibir propuestas, ideas, sugerencias y lo que necesitaba aún más, ánimos. ¡Gracias a toda la red LinkedIn!

También, me hacía muchas preguntas: ¿Las redes sociales han quitado la iniciativa y el poder a los periodistas? ¿Tienen sentido los periodistas si cualquiera puede suplantarles? ¿Deben los periodistas adaptarse al nuevo escenario de la comunicación y ganarse su audiencia aportando un plus de valor a su información o en la manera de contarla? Tenía clara las respuestas y eso desencadenó mi aprendizaje e implicación en las redes sociales.

Seguidamente me apunté a Facebook y a Twitter, aunque era sólo como un mero espectador de televisión o teatro ávido de ‘funciones diarias’, por lo que decidí convertirme también en ‘actor’ y me apunté a numerosos cursos de formación en la materia. En parte para saciar mi voraz hambre por aprender, en parte porque ya estaba ‘enganchado’, pero me sobraba teoría y me faltaba práctica y conocimientos técnicos.

De repente, como muchas veces en la vida, sumido en el andén del abismo de una estación sin salida, vi que llegaba la tenue luz de un nuevo tren. Su destino: Territorio creativo. No lo dejaría pasar, no tengo miedo a dar otro giro radical en mi vida laboral; de hecho, los he realizado otras veces de la noche a la mañana y de 360º y nunca me he arrepentido de los caminos que tomé. Intuía que era un tren que debía coger. Sólo me faltaba conseguir el billete.

Territorio creativo, agencia consultora puntera en Social Media Marketing, llevaba a cabo un proyecto nuevo de formación y prácticas para profesionales del mundo de la comunicación y el marketing que necesitaban, como yo, reciclarse y aprender a desenvolverse en el mundo de las redes sociales… Y ¡ojo! sorprendentemente estaban abiertos a todo el mundo, ¡no sólo a estudiantes! sino a profesionales de contrastada trayectoria. Era mi oportunidad, me apunté y… lo conseguí. Desde el primer día sabía que había acertado, como un búho subido a una rama vigilante ante la oscuridad, abrí bien los ojos expectante ante el complejo y permanentemente cambiante mundo de las redes sociales que se abría ante mí.

Descubrí a unos profesores jóvenes, pero llenos de ilusión, ávidos de curiosidad por estar a la última en cualquier tendencia. Sí, insisto, gente joven, pero muy preparada, abierta, alegre, seria en sus análisis, experta en sus decisiones y con una desbordante creatividad. En muchos aspectos, me parecía que contrastaba, pero en otros consideraba que hacía un buen contraste, me encontraba como pez en el agua. El bullicio de los creativos pariendo ideas, las carreras de los community managers por apagar los repentinos ‘fuegos’ o incidencias en la red, el espíritu de colaboración entre compañeros… Me recordaban a mi antigua redacción, cuando estaba de cierre, o trataba de resolver los problemas de mis lectores, o acababa de explotar un bombazo informativo en Internet o -valga la paradoja- ayudaba y enseñaba a los becarios.

El corazón me palpitaba, volvía a fluir la sangre por mis venas. Entré a participar en proyectos maduros, como el de Movistar, y otros en fase embrionaria, como los de Toyota y Toys “R” Us. He de confesar que me sentía el hombre más afortunado de la Tierra por aportar mis ideas y experiencia en la cuenta de esta marca japonesa; tampoco puedo negar que por mis mencionadas venas fluye gasolina, aunque en el caso de Toyota quizá empiecen a trasmitir electricidad y dar calambre, al irme convenciendo de las virtudes de la propulsión híbrida.

Por otro lado, empecé a comprobar en tiempo real el poder e influencia de las redes sociales y cómo este grupo de profesionales, compuesto por directores, estrategas, analistas, creativos, community managers… pergeñaban todo tipo de campañas e iniciativas a la medida del cliente para aumentar su competitividad en ellas como si de una sastrería se tratase. Mágica mezcla de disciplinas de marketing y comunicación sabiamente adaptadas a un medio que, de tan deprisa que se mueve, no se sabe a ciencia cierta a dónde puede llegar.

Y ahora que llego al final del #TcExperience me pregunto: ¿Valió la pena? Mi mente me dice que el gusanillo de las redes sociales ya está dentro, ha tejido su nido y va a crecer. Me quiero quedar, piar en la red. Puedes dejar tu comentario, ya sabes, sin que exceda de 140 caracteres en @tcreativo @fcojesteban #mequieroquedar

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