Save and continue, la adaptación al cambio

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– Miguel, ¿qué quieres desayunar? Hay churros.

– Café con leche y una galleta de esas de ahí.

La materia ni se crea ni se destruye. Solo se transforma. El químico Lavoisier no iba desencaminado cuando dijo esta frase que hoy suscribía Miguel Fernández Lapique, socio fundador de Imaste.

Imaste es proveedor de eventos virtuales alojados en la nube. El software que han desarrollado se utiliza para organizar eventos digitales, eventos híbridos, ferias virtuales de empleo y convenciones virtuales, además de webcasts para marketing, formación, comunicación corporativa y relación con inversores. Eso es a lo que se dedican ahora, pero el cómo empezaron dista mucho de esta realidad.

Tres jóvenes amigos ingenieros que habían pasado un año de su carrera en el extranjero con la beca Erasmus se propusieron crear una plataforma para organizar las fiestas Erasmus en España. Para que luego digan que los estudiantes solo aprovechan la beca para salir de fiesta. Ellos no sólo la aprovecharon, sino que se la trajeron aquí.

Miguel F. Lapique muestra orgulloso una foto tomada en aquella oficina primigenia en la que lo que más brillaba no era la botella de Ballantines vacía en el fondo de la estantería, sino un monitor TFT que por aquel 2004 era un trofeo.

La foto de esa oficina actualmente sería muy diferente. Nada de Photoshop, solo han tenido que adaptarse al cambio. El cambio combina fracasos y éxitos, inestabilidad y visión de futuro, debilidad y fortaleza. Si hay algo que tenemos grabado en Territorio creativo es que si algo no funciona tienes que cambiarlo y si funciona también. Sólo así consigues la excelencia. Esa ha sido el camino de Imaste.

Como las fiestas Erasmus no funcionaron saltaron al mundo de los negocios organizando foros de empleo. La empresa fue creciendo hasta que se presentó la crisis en 2008 y tuvieron que reducir la plantilla a la mitad y plantearse echar el cierre. Lejos de ser arrastrados por la ola de quiebras que perseguía a los empresarios decidieron dar un golpe maestro. ¿Cómo? Mirando a su alrededor, apostando por su producto y mirando al mundo con ganas de comérselo.

España tiene que quitarse los complejos y apostar por salir al extranjero para crecer, siempre observando el mercado. Los clientes, las tendencias, la economía global y el ánimo de la empresa son buenos indicadores del entorno”. Miguel F. Lapique nos contaba que las empresas no son mejores por estar en Silicon Valley. Son humanos como nosotros. Los dioses están en el Olimpo.

La compra de la empresa por una multinacional de San Francisco fue uno de los highlights de Imaste. Luego llegarían otros. “Tener a la persona que toma las decisiones a 9 horas de vuelo nos cambió la forma de trabajar y la diferencia horaria nos cambió el sueño. Hacer negocios a las 7 de la mañana es bastante complicado, definir los KPIs más todavía y la métrica es fundamental”.

Todo marchó hasta que dejó de hacerlo y les ofrecieron recuperar la empresa. A partir de ahí la estrategia fue viajar con su software debajo del brazo por todo el mundo sacando pecho. No hay mejor camino al éxito que creer en lo que haces; y así fue. 23 empleados, 25 países y 200 clientes por todo el mundo. Eso es Imaste hoy. El pequeño se hizo grande.

Y aquí acaba el post, porque se acabó la charla y los churros del desayuno.

Ya sabéis, lo fácil sería no hacer nada. Pero así no se consiguen historias que contar.

Save and continue.

 

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