¿Para cuándo el verdadero futuro?

eCommerce, Tecnología

Además de la crisis, existe una razón fundamental por la que ahora se vende menos. Nos venden productos demasiado s.XX y de una manera muy s.XX. ¿Os habéis preguntado alguna vez si hay productos que la gente ya no quiere comprar? Me explico, hay productos básicos, que siempre compraremos. Pero hay otros que queremos comprar y todavía no se han inventado. ¿Nunca habéis pensado en cómo mejorar un producto? ¿Nunca habéis pensado que compraríais más algo si existieran maneras alternativas de comprarlo?

Yo incluso he pensado que me lo ponen muy difícil para comprar. Tener que hacer cola en algún sitio y tener que tratar con gente me quita las ganas de comprar en según qué sitios. ¡Ojo! En otras ocasiones me ocurre al contrario: me tratan bien y me gusta comprar a lo s.XX.

Este mes, eBay nos mostraba en Berlín cómo compraremos en el futuro. Y es que eBay ha abierto una pop up-store en la que sólo será necesario un smartphone y una cuenta eBay para comprar en ella, a través de la aplicación PayPal QR shopping que permite comprar productos en todos aquellos sitios donde se pueda meter un código QR. Desde una valla, como ya hizo Tesco hace unos meses, a una revista o cualquier otro soporte.

Volviendo al principio, uno de los principales motivos de esta crisis es que no somos capaces, “en términos generales”, de ofrecer a los consumidores lo que demandan. Llevamos demasiado tiempo empeñándonos en que la comunicación masiva todavía funciona. Pero igual ha llegado el momento de cuestionar no sólo la comunicación masiva sino también la producción y la venta masiva. La tecnología está de nuestra parte para personalizar más la oferta.

Como creativo, me pasa una cosa curiosa que creo que es significativa y tiene que ver con lo que estoy exponiendo. A la hora de pensar en una idea para una marca, en lo primero en lo que caigo es en modificar de alguna manera el propio producto. Siempre pienso que una simple pincelada en algún aspecto del servicio: en cómo distribuirlo, en cómo añadir una posibilidad de personificación, en cómo hacerlo más tecnológico, sería la campaña perfecta para hacer que vendiera más. Pero claro, eso ya se escapa, en la mayoría de los casos (por no decir todos), de mi alcance. Y ¡cuidado! no se trata de echar balones fuera. No es que los productos de estas marcas sean malos. Simplemente no responden a la demanda de los consumidores.

¡Sería perfecto, como creativo publicitario, poder hacerles llegar estas propuestas a las marcas! Esto, evidentemente, es más costoso y tiene como principal enemigo uno de los cánceres de nuestra sociedad: la obsesión por el cortoplacismo. Se habla ya de una III Revolución Industrial. Una revolución que dará paso a un producto que combine tecnología con sabor local y un sistema más avanzado de distribución. Un producto que estará en continua evolución y con una participación más que importante de uno de los grandes olvidados de la comunicación y la producción masiva: el consumidor. Las personas.

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