Lidertarios: liderazgo en comandita

Management


Tendemos a bautizar con el nombre de grandes personajes calles, leyes científicas, enfermedades y vacunas, conceptos filosóficos o sociológicos. Lo que se denomina eponimia (le debemos el foco sobre este concepto a David G. Navas) es un rasgo humano que nos define y que pone de relieve nuestra predisposición a buscar héroes, mitos, líderes. La realidad es otra. El progreso, el avance científico, el conocimiento, la civilización en general se construyen paso a paso, con la contribución de miles de personas que no cuajaron un descubrimiento final, pero sí el elemento imprescindible de uno ulterior. O que cedieron su contribución a la posteridad de manera anónima.

Herbert Spencer contraargumentó la teoría del «gran hombre» de Carlyle, según la cual la historia de la humanidad ha sido moldeada por grandes líderes de origen casi «divino»:

Hay que admitir que la génesis del gran hombre depende de una serie larga de influencias complejas que ha producido la raza en la que aparece, y el estado social en el que esa raza ha ido creciendo progresivamente… Antes de que pueda recrear su sociedad, su sociedad debe haberle creado a él.
Herbert Spencer, El estudio de la sociología

Tanto si se trata de un trabajo orquestado como si sumamos acciones individuales, es necesaria una visión holística en la concepción de las compañías. Para hacer frente al futuro digital, defendemos una estructura distribuida y orgánica, que crea y deshace ágilmente procesos y equipos para hacer frente a un entorno cambiante. En este organismo, el individuo no es una pieza engarzada en una maquinaria perfecta. Es un sumo hacedor de relojes, que a veces diseña y a veces ejecuta el diseño de otro. A veces adoptamos, a veces adaptamos. La acción combinada de los múltiples líderes conforma el ser vivo que evoluciona sin necesidad de morir para mejorar la especie.

Pero el liderazgo va más allá de iniciar, emprender y cambiar. Puede adoptar una vertiente intelectual, otra de motivación, de organización o de participación. No hablamos de líderes de tarjeta de visita, poblando las alturas de una decrépita pirámide, ni del líder informal cual radical libre pululando por los vericuetos de la organización. Eleazar Santos, strategist teceriano, decía a la vuelta de su paso por Accenture:

Líder no es el que ocupa la caja superior del organigrama, sino cada una de las personas que, dentro de una composición, desempeñan un papel y permiten que el todo sea mayor que la suma de las partes. Se puede ser líder en lo técnico, en lo especialista, en la gestión de un equipo o en la consecución última de una meta. Un líder en comunidad compite contra la mejor versión de sí mismo, y ayuda a que su entorno crezca. No teme a que los demás aprendan, antes bien les proporciona herramientas y alimenta su curiosidad y las ganas de superación de éstos para retarse a sí mismo. Comparte, enseña y aprende… es quien sabe cuándo le toca el solo al instrumento de turno y logra de éste su nota más delicada, para permitirle brillar. Y es así que, en el éxito de los otros, se refleja su grandeza.

Decía el general Dave Palmer de Westpoint: «Denme a cualquiera, excepto un esquizofrénico, y haré un líder de él». La famosa academia militar siempre defendió que el liderazgo, como la creatividad, no es genético y está al alcance de cualquiera. El liderazgo que nosotros proponemos no es heroico ni elitista. Cada miembro en una comunidad cooperativa, en su faceta de líder puntual, tiene una influencia decisiva y genera un resultado global.

Llegados aquí, recordemos a los líderes más visibles que la comunidad no les seguirá si sólo aspiran a su gloria personal. Todo líder necesita una comunidad: que le inspire, que le aliente, que le corrija, que le haga más fuerte. Toda comunidad necesita líderes. Cuantos más mejor.

Toda comunidad necesita líderes. Todo líder necesita a su comunidad.

Este capítulo está incluído en Lidertarios, Creando imprendedores en la era digital, publicado por Gestión 2000 en enero de 2015.

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