Las nuevas siete maravillas: el poder en manos del consumidor

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Petra “by night” – foto: Juan Luis Polo

Pocos concursos tan bien organizados como este, que ha movido a votantes de todo el mundo, gestionado por una empresa privada, alejado de los organismos oficiales; tan alabado por los ganadores, como denostado por los perdedores. Donde hasta hace cinco días se animaba a participar por parte de los gobiernos y al minuto siguiente de no salir elegido se entonaba el “lo importante es participar”.

Yo voté en noviembre del año pasado, durante una estancia en Jordania. Lo hice a través de la web, sin ningún tipo de coste y pude elegir 7 favoritos, entre los que se hallaba La Alhambra, como el resto de maravillas propuestas. Hace 8 meses poca gente en España sabía de la existencia del concurso y mucho menos de lo sencillo que era participar, sin coste alguno, en la modalidad básica, eligiendo siete de entre el total de candidatos.

Sin entrar en si la elección tiene validez real o no, que nadie se lleve a engaño: los oscars se entregan todos los años, por una academia privada, sin conexión con organismos políticos y sus decisiones, con alcance publicitario mundial, influyen de manera notable en las películas, las taquillas y el prestigio de sus directores. De la misma manera, esta elección está arrojando notoriedad a raudales, sobre las maravillas elegidas. Desde ahora podrán llevar un distintivo como un director puede mostrar que su película ha recibido un oscar.

¿Cuál es la principal diferencia?

A nadie se le escapa, que a diferencia de otras competiciones donde el jurado que elige está compuesto por “expertos” en la materia, en este caso la elección ha partido de millones de personas que han sumado votos para conseguir el resultado. El otro día escuchaba a un tertuliano “experto en nada, pero que habla de todo”, hablar acerca de que cualificación tenían esas personas para elegir las nuevas maravillas. Puede que ninguna o puede que mucha, no lo sabremos. Pero sí tienen los medios al alcance que les han permitido votar y elegir, participando en un concurso organizado con dinero privado, en una iniciativa privada, que ha sido secundada por muchos gobiernos. Y se critica que parte de la población no ha tenido acceso a telefonía o internet: pues que vayan espabilando los gobiernos, que son los responsables de dotar de ese tipo de medios a sus ciudadanos, por cierto.

Lo interesante de todo este concurso ha sido una vez más, constatar que el consumidor tiene poder, que a medida que los medios tecnológicos avanzan, el poder es mayor y que tal vez lo que le duele a la UNESCO sea lo mismo que lo que le duelen a los medios tradicionales por parte de los blogs: la pérdida del status quo. Las respuestas y críticas han sido de lo más variadas. El ministro griego de cultura (con un apellido único “Vulgarakis”) ha llegado a decir que la elección ha sido lo más parecido a un desfile de belleza.

¿Por qué no ha sido elegida La Alhambra?

Es evidente que La Alhambra es un monumento excepcional por muchos factores. Pero es también evidente que los votos para elegir maravillas han sido emitidos de manera localista: esto es, cada país ha tenido mucho que ver con la elección del momumento que era originario del país.. En España al concurso se ha llegado tarde, pero además hemos llegado solos: si se quería invertir dinero público en darle publicidad (que se ha hecho), que fuese para conseguir que otros pueblos votasen en conjunto con nosotros. En concreto deberíamos haber mirado al pueblo árabe: ¿quién más cercano a la historia del monumento y más cómplice con una gran parte de la cultura de nuestro país? Aprovechar las buenas relaciones que nos unen con países como Jordania, hubiera traído más votos a nuestra Alhambra, aumentando las posibilidades de éxito.

Con todo, se podía perder igual, al fin y al cabo, este era un concurso abierto a todos, donde lo que primaba era el volumen de votos, más que la cualificación de los mismos. Igual que en democracia, por cierto.

Nosotros en Tc tenemos el corazón “partío”: por una parte nos alegramos de la elección de Petra en Jordania, destino turístico que es cliente nuestro; por otra parte nos duele que la Alhambra se haya quedado fuera. Por supuesto que hay vida más allá del concurso y en poco o nada variará el número de visitantes que el monumento árabe reciba en nuestro país. Sin embargo para un destino como Jordania, tenemos por delante una buena “percha”, de donde colgar una gran parte de nuestra comunicación. Y será de gran ayuda.

Jorge Gobbi tiene las Siete afirmaciones en su blog

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