Las listas de música en Spotify, ¿un filón aún sin explotar?

Marketing Digital

Esta mañana me di cuenta de que mi lista de música más exitosa en Spotify es mi lista de música clásica.Teniendo en cuenta que es el primer estilo de música en el que me metí desde miko, no está mal. Será que tengo buen gusto para escoger las piezas, o para encontrar las versiones que me parecen mejores. Debería estar orgullosa… ¡A la gente le gusta mi estilo para elegir música… ehm… clásica!

Yo esforzándome por hacer listas de musiquita bien maja, y el “cachondeo” en la oficina es general (sobre todo de David de Silva, cuyo post de Quien tiene un mapa tiene un tesoro se ha publicado esta misma mañana). No sé si porque hay días que me entra el cuarto de hora Abba total, o el cuarto de hora de cantautores hippiosos (heredado de mi madre, con Simon & Garkunkel, Cat Stevens y Leonard Cohen), el cuarto de hora hortera con música popera y dance, o el cuarto de hora de música de los 90. ¡Cuánto hago sufrir a mis compañeros! Aunque luego soy la única que se atreve a poner sus músicas, con toda la cara. Y reconozco que tengo unos gustos un tanto variopintos y a veces un tanto cantosos y horteras. En el fondo soy una melómana con todas las letras.

Aunque tengo que confesar que me siento como Marge Simpson, cuando en un capítulo se cree que hace unos helados riquísimos (esa soy yo con mis listas), y salen Bart y Lisa comiendo unos boles enormes de helado de Marge con cara de sufrimiento y de hastío absoluto (esos son mis compañeros). En un momento, ya harta, Marge se pregunta en voz alta: “¿Pero qué pasa con mis helados?“. Pues yo igual.

A lo que voy: está bien esto de tener listas. Como dijo una vez Henry Wadsworth Longfellow (y es una de mis citas favoritas en esta vida):

Music is the universal language of Mankind.

No podía estar más de acuerdo. Puedes transmitir con pintura, fotografía… Pero lo que es representado visualmente es mucho más susceptible de que su interpretación esté más vinculada al bagaje cultural del individuo que disfruta de la obra que la música. La música es música. Y siempre será música (“¡Tócala otra vez, Sam!“)

Pensemos en la canción del Waka-waka, de Shakira, que ha sonado sin parar en este Mundial. Reconocida interplanetariamente. Tarareada por millones de personas. Te transporta directamente a la euforia que se vive en un Mundial, y a África (más allá de los problemas legales que está habiendo con esta canción que por lo visto es un plagio idéntico a una ya existente).

Una canción de hip hop es hip hop aquí y en Japón. No cabe más interpretación. Te gustará o no te gustará pero la música, lo bueno que tiene es que permanece atada a las raíces culturales, y es un representante inigualable y comprensible para todo el mundo de las culturas.

Si oyes unos djembés y unos bongós, no puedes evitar viajar mentalmente a África. Si oyes una flauta de pan, no puedes dejar de imaginarte en Sudamérica (en Bolivia, en Perú…).

El poder evocador de la música, en mi opinión, es mayor que el de la pintura o la fotografía o las artes plásticas. De hecho, me parece que el poder evocador de la música llega casi casi al nivel del olfato. Probablemente muchos de vosotros sepáis más sobre esto que yo, que lo único que sé con certeza es que el sentido del olfato se procesa directamente en el sistema límbico del cerebro. Por eso, oler un perfume te puede hacer acordarte de tu abuela al instante. Magdalena de Proust, ya sabéis. Una pena que el olor no se pueda explotar en redes sociales.

Pero lo bueno de la música es que… ¡Con Spotify se puede explotar! Y es a lo que iba. Más allá de SGAEs y cosas, Spotify, siendo un medio totalmente legal, permite que puedas crear listas de música para tus clientes. Por eso, en Tc se nos ocurrió que es un filón. La música tiene ese poder evocador, rompe-barreras, y unificador, que no tiene ningún otro arte. No vale para todo el mundo, pero quizás, para más de un cliente sí.

Puedes crear una lista de música de carretera para un cliente relacionado con la seguridad vial, o una lista de música futbolera, con motivo del Mundial. Bershka ya hizo haciendo su lista del mes. Ya se sabe que entrar en un Bershka es casi como entrar en el Pachá de tu ciudad, y por eso lo aprovecharon.

Naturalmente, no valdrá para todos. No vas a hacer una lista para una empresa de cemento (¿o sí?). Pero las ventajas son muchas:

  • Generar material cómodamente para tu comunidad. Esas listas no las tienen que componer ellos. Se suscriben… ¡y a disfrutar cuando quieras, Maribel!
  • Compartirlas por tus canales de comunicación.
  • Generar viralidad. Si la lista es buena, amigos de tus fans pueden suscribirse, y así, llegar a ti.

Sí. Me encanta Spotify, y creo que es un filón auténtico y del que la gente no se está dando cuenta. Y si no puedes aprovechar el hacer listas para tus clientes… ¡ten tus listitas! Las puedes compartir por tu Twitter, tu Facebook… (Spotify no me ha pagado por este post). Ayudan a tu marca personal: clarísimamente, por la música que le gusta a alguien, puedes hacerte una idea de cómo es.

No sé con seguridad si la música “ataca” directamente al sistema límbico del cerebro, y por eso es tan irracional el que te guste un estilo u otro de música. Yo por ejemplo no soporto el house ni el techno. Me ponen de los nervios (está comprobado que si a una embarazada le pones música techno o house, el latido del corazón del feto se acelera peligrosamente).

Creo que mis únicas listas que infunden respeto (o con la que mis compañeros no me toman el pelo cuando las pongo) son la de Rock, la de música clásica, y la de Jazz & Soul. Tampoco esperaba que me tuvieran respeto con mi lista de Lo Peor (éxitos reggaetoneros). Pero tampoco está de más tener unas listitas para castigar. Si Carlos Jimeno me molesta, o se ríe de la música que me gusta, le pongo a Gloria Estefan a todo volumen de mi lista de Latinos, y sé que le estaré haciendo sufrir lo indecible. Anda, que si me llevan a Guantánamo…

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