La vuelta al mundo que inspiró una marca

Creatividad

– Hola chicos, id comiendo algo mientras llega la gente.
– Gracias, ese queso de untar me lleva poniendo ojitos desde que llegué.

La renta, el sueldo,

el trabajo en la oficina

lo cambie por las estrellas

y por huertos de harina;

me escapé de la rutina

para pilotear mi viaje

porque el cubo en el que vivía

se convirtió en paisaje.

Esta estrofa del tema de Calle 13 “La Vuelta al Mundo” resume fielmente la historia de Rubén y Lucía, director creativo él, ejecutiva de cuentas ella; que decidieron un buen día dejarlo todo para emprender la aventura de sus vidas. ‘Llevábamos un tiempo muy quemados por el trabajo y por la situación del país en general, vivíamos por inercia presos del ritmo vertiginoso de nuestro mundillo y rodeados de una atmósfera alicaída. Fue por eso por lo que una noche de invierno nos planteamos el cambio’.

La historia de ambos empieza a la española porque no hay mayor motivación en nuestro país que el que te reten con esta frase. ‘No hay huevos’; lo que empezó como un desafío entre risas terminó con Algo que recordar, una marca que refleja el significado de un giro inesperado. ‘En el momento en el que decides que vas a coger las riendas de tu vida y que lo que pase cada mañana sea 100% consecuencia de tus decisiones es cuando consigues que cada mañana sea la misma historia, la tuya’.

‘Lucía y Rubén son pareja y “el síndrome” es la grave enfermedad que padecen y que, cual carabina, llevan consigo allá donde van. Una enfermedad que hace que sientan la necesidad de estar constantemente en otro sitio porque en uno sólo no son felices. Una enfermedad que les salva la vida’. Así definen ellos mismos sus ansias de cambio, su perpetua búsqueda de la felicidad que la encuentra en todos sitios pero que solo permanece viva viajando de un lugar a otro. Este síndrome del viajero tiene forma y se puede ver en el corto que lleva la firma de Algo que recordar y que ya acumula más de medio millón de reproducciones.

¿Pero quién paga la fiesta? Pues ellos. Se preguntaron qué era lo que sabían hacer para así poder financiar su viaje y el resto vino solo. De 22.000 euros que costó pudieron recuperar la mitad escribiendo sobre sus vivencias y mostrando las imágenes que habían quedado grabadas en sus memorias y en el carrete. Libros, crónicas para medios, postales, reportajes y un largo etcétera que eliminaron algún cero de la factura. Además conforme se iban haciendo más conocidos en el mundo de los bloguers de turismo, algunos países los invitaban a modificar su ruta para que se pasaran por allí. Eso sumado a sus peripecias para ahorrar (coachsurfing, autostop, transportes lentos, trueques, etc) y a la hospitalidad de las personas que se cruzaban por su camino han contribuido a reducir los gastos.

‘Cuando te vas de tu tierra ves el lado bueno de las cosas. Dicen que como en la casa de uno en ningún sitio y es cierto que cuando te vas te das cuenta de que tu vida cotidiana también está repleta de detalles con pequeñas dosis de felicidad. Sin embargo, recomendamos hacer las maletas de vez en cuando y recorrer mundo como cura de humildad, para ver más allá de lo que estamos acostumbrados. Ahí fuera hay un mundo que sorprende de la inabarcable que es, personas completamente desconocidas que te roban el corazón y te llenan de alma, escondites que crees ser el primero que lo pisa, naturaleza inmensa que te hace sentir diminuto…’.

Si hay algo que aprendimos con Algo que recordar fue que no hay viaje pequeño, que el tiempo no marca la intensidad del viaje. No existe un turismo mejor que otro, pero es esencial que tu viaje no altere la forma de vida de los habitantes de los lugares que visitas; ‘El turismo sostenible es necesario para proteger los pequeños tesoros del planeta: tradiciones, monumentos e incluso la inocencia de sus gentes’.

Os recomendamos que visitéis su página web y que sigáis de cerca sus aventuras porque la verdad es que alimentan el espíritu.

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