La revolución ya se está tuiteando

Transformación Digital

El segundo de la fila

“Cuando se hizo la revolución francesa, ya se había ganado”.
Antonio Gramsci

Sentimos la necesidad de ponerle nombre a las revoluciones, de contar la historia del momento de la verdad. De cantar la hazaña y sus protagonistas. Somos esclavos del hito, del punto de inflexión, del toque de gracia. Somos muy del punto final, del ahora o nunca, de la explosión que lo explica todo. Del premio a toda una vida o no habrá vida que valga.

Decía Gladwell, que la revolución no sería tuiteada, poniendo en duda la capacidad de las herramientas 2.0 para desencadenar movimientos sociales o para reinventar el activismo, apenas meses antes de que se desencadenaran las revueltas árabes o el 15-M. Pero yo sólo he querido hacer la gracia con el título, porque mi punto en este post tiene más que ver con resaltar las diferencias de pensamiento estratégico entre oriente y occidente que expone Amador Fernández-Savater (gracias, José Luis por el link). Resumiendo, al dividir el mundo entre lo que es, y lo que debe ser, en Occidente nos pasamos la vida tratando de elaborar planes y de implantarlos. En Oriente, en cambio, se piensa que lo que es ya está bien organizado, y se busca la inercia de lo que ocurre para impulsar los cambios. Amador defiende que es una estrategia más adecuada en momentos de incertidumbre, donde tantos factores externos amenazan cualquier plan con objetivos concretos. Él lo refiere al movimiento 15-M, y yo busco hablar aquí de la transformación a la que se enfrentan las empresas con la llegada de “la nueva imprenta”.

Llevo algún tiempo observando el interés creciente con que desde los departamentos de marketing y comunicación se mira a la web 2.0. Años predicando en el desierto me han hecho ponerme en guardia ante la burbuja y el hype. Mi escepticismo no es solo morriña del pionero. Es que por doquier, las personas que están “forzando” estrategias 2.0 no son usuarios de los medios sociales o lo son, pero son más bien conversos que siguen adorando la centralidad de la marca y buscando “audiencias” en entornos de relación (se nos llena la boca de engagement, pero seguimos adorando al GRP). ¿Cuántas empresas con páginas en Facebook, tienen personas invirtiendo tiempo “oficial” en responder preguntas y comentarios en foros de segunda? ¿Cuántas con Twitter, destinan esfuerzos en mantener un blog de interés para “la comunidad”? ¿Cuántas empresas dicen “comunidad” cuando quieren decir “amasijo de fans”, que en un momento dado, y sin recordar el porqué, apretaron un botón que ponía “me gusta” (leer “usar redes sociales o construir redes sociales” de Gonzalo Martin)

La promesa “social” (el santo grial) por ahora es “más de lo mismo” disfrazado de 2.0. Y sin embargo, sigo siendo optimista. Porque la revolución ya está siendo tuiteada. Y no me refiero a derramamientos de sangre real, sino al cambio estructural que le espera a una sociedad que se enfrenta a los efectos de una nueva tecnología revolucionaria (como en su momento fue la imprenta, o el telégrafo, o la televisión).

Y aquí es donde entran las diferencias entre el pensamiento oriental y el occidental. Ahora es momento de actuar desde la escucha, de sacar partido de lo que ya es y puede ser potenciado y dirigido. Objetivos difusos, pero principios rotundos (personas primero). Escuchar, detectar la tendencia e impulsar. No se debe planificar el cambio, porque nada cambia, sino que todo avanza. La fortaleza es mental. Las organizaciones no cambian de la noche a la mañana. Se transforman sin darse cuenta y un día, no son capaces ni de atribuirlo a un solo agente de cambio.

Cuando en Territorio creativo trabajamos con nuestros clientes, somos el runrun, la lluvia fina, la gota de agua, el día a día, la vertebración. Aquí no pasa nada, pero cada día pasan cosas increíbles de haber podido ser observadas con la perspectiva de apenas unos meses antes. Somos orientales. Occidente es la batalla, el hito, la campaña, el premio. En Tc no ganamos premios, no buscamos la “megacampaña”, no somos del fuego artificial. Somos del trabajo diario, de los principios básicos inamovibles, de cambiar el mundo con el ruido de fondo, no con la explosión forzada. Forzamos el movimiento continuo, peleamos la coma, no discutimos el titular; hasta que el titular es el nuestro, como por arte de birlibirloque.

Como dice Fernández-Savater:

Eficacia indirecta, estrategias oblicuas. Algo muy difícil de aceptar para nuestro orgullo occidental de autores-sujetos, para nuestra necesidad “estructural” de drama y heroísmo (el momento de la verdad), épica y epopeya (el relato del acontecimiento excepcional).
[…] La gran estrategia no tiene golpes de efecto, la gran victoria no se ve.

A los que creemos en la revolución de las personas, en poner de verdad -no en powerpoint- a las personas en el centro, nos auguro un gran futuro. Curiosamente, el futuro que estamos diseñando, la Revolución que estamos ya completando.

Foto propia, en Flickr.

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