La (r)evolución de los logos

Creatividad

La primera imagen que tenemos de una empresa es su identidad visual, su logotipo es como el primer saludo, de ahí que sea de gran importancia impactar al público desde el primer momento. Pero no es fácil crear un logo bueno y exitoso, ya que debe diferenciar y resaltar la marca con respecto a la competencia para que los consumidores puedan identificarlo.

En nuestra vida cotidiana estamos constantemente rodeados de logos, desde el momento en que desayunamos, el transporte que usamos, hasta las medicinas que tomamos cuando estamos enfermos, todos ellos diferentes en sus formas, colores y tipografías tal y como muestra Logorama, un corto que ganó el Oscar al mejor cortometraje animado en 2010.

En un mundo en el que nos regimos por lo visual, que evolucionamos tan rápido y de forma tan constante, un buen logo tiene un valor incalculable por todo aquello que es capaz de representar en segundos, su historia, qué productos o servicios puede ofrecer. Por eso deben inspirar confianza, solidez, atrapando al público desde el primer momento.

¿Cómo han evolucionado los logos?

Según una infografía creada por British Design Experts, alrededor del año 1800 comenzaron a surgir los primeros logotipos. Hasta ese momento tan sólo eran marcas o símbolos que apuntaban a quienes habían realizado el producto. Un siglo después, fue cuando surgió el verdadero antecesor del logo actual.

La gran mayoría de los logotipos que conocemos han ido evolucionando con el tiempo manteniendo su esencia y, en otros casos, rediseñando completamente su imagen corporativa. Como es el ejemplo de Pepsi:

La evolución del diseño, ya no sólo de los logos sino además de la imagen general de una marca, tiene que ir más allá de la actualidad, anticipándose a las tendencias. Debe ir un paso por delante y reflejar cómo es la empresa por dentro, cómo quiere ser vista por fuera, siendo fiel a su lugar de nacimiento sin obviar el ser entendido en cualquier otro lugar.

Las marcas no deben tener miedo al cambio pero, cuidado, no siempre el cambio es sinónimo de éxito. Para ello debemos comprender el contexto en el que vivimos y no prioritariamente nuestras necesidades, sino las de nuestro público. Al fin y al cabo la imagen de una marca sigue siendo el punto de partida de una relación que podrá ser de amor o de odio con su público.

Es por ello que la creatividad y el estudio exhaustivo de lo que rodea a una marca para enamorar deben ser elementos primordiales a la hora de trabajar su imagen, puesto que son los principales ingredientes y denominadores comunes sobre las que toda empresa debería trabajar.

¿Qué tendencias presenta 2014?

A pesar de surgir en 2013, uno de los ejemplos más extendidos hoy en día sigue siendo el flat Design. Éste ha sido y es en la actualidad un modelo sobre el que muchas marcas están construyendo su identidad visual. Es el momento para la sencillez, nuestros movimientos son cada vez más fugaces y las marcas deben de habituarse de la forma más rápida posible. Aquí es donde se demuestra que menos es más.

En 2014 veremos un mayor uso del desenfoque, formas geométricas predominantes y, sobre todo, logos capaces de contar historias en tan sólo segundos. Actualmente, la búsqueda de la mejora se basa en realizar logos sencillos y flexibles que diferencien a la marca, como por ejemplo el logotipo de la manzana de Apple, un acierto convertido en un referente mundial.

Es cierto que cuando observamos la evolución de muchas de las marcas nos dan ganas de gritar “¿Por qué, por qué y por qué?”. Nos puede parecer que han perdido la esencia de lo que eran, que han traicionado a sus orígenes no llegando a sentirnos identificados en un principio. Los cambios siempre traen polémicas, sean buenos o malos, pero – afortunadamente para nosotros– existen detractores que de algún modo nunca estarán contentos y que ponen en duda cada línea curva de nuestra imagen. Será entonces en ese punto cuando debamos saber resolver esas incógnitas que nos proponen para mejorar constantemente.

En muchas ocasiones dudamos de por qué las marcas cambian de imagen, incluso cuando aparentemente hay un asentamiento, tienen la necesidad de cambiar, de evolucionar. Lo que ocurre en muchos casos es que esa evolución se puede convertir en una involución.

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