La estrategia es buscarse la vida

Good Rebels

-Buenos días, Amuda. ¿Preparado?

-Buenos días, chicos. ¿Lo estáis vosotros?

Realmente, no sabíamos lo que se nos venía encima. Para el TcDesayunos de hoy hemos contado con Amuda Goueli, co-fundador de Destinia, que nos ha dado una auténtica lección de vida, ¡y qué lección!

¿No créeis que nos encanta quejarnos? Vale, es verdad que para cada uno su vida, su día a día es suyo y de nadie más, es nuestra realidad, pero cuando escuchamos historias como la de Amuda, toca replantearse las cosas.

Lo primero que tenemos que decir es que todos los tecerianos nos hemos quedado sin palabras tras escuchar la historia de Amuda (hecho que pasará a los anales de la historia). Él mismo nos ha dicho que nuestros ojos tenían un brillo especial mientras hablaba, un brillo con hambre de saber, de conocer su historia.

Nosotros estamos aquí, en España, hemos nacido disfrutando todo tipo de comodidades que ni apreciamos y no somos conscientes de lo que hay más allá. Amuda nació en Asuán, vivía en una franja de 1km entre el Río Nilo y el desierto. No tenía zapatos, ni agua corriente y sus mayores preocupaciones eran poder comer y poder beber cada día. Dista de nuestra realidad, ¿no? Pues bien, el hecho de que su padre se fuera a El Cairo como inmigrante cuando tenía 9 años marcó un antes y un después en su vida, aunque en ese momento no pudiera ni imaginarlo. Tras su padre fueron sus hermanos y, finalmente, él también preparó su primer gran viaje.

Lo primero que le dejo en shock al llegar allí fue que hubiera grifos, algo tan normal para nosotros para él era el paraíso. Esta sensación perdura hasta hoy y, cuando llega a un hotel, lo primero que hace es abrir y cerrar el agua corriente.

El Cairo abrió sus ojos y su sed de agua se transformó en sed de conocimientos. Empezó a hacer pequeños trabajos, ayudando a limpiar zapatos o repartiendo flores, pero uno de los que más le marcó fue un business plan basado en el análisis de los clientes potenciales que le enseñó el dueño de una tienda de la calle más turística de El Cairo. Otro de los trabajos más importantes fue en la librería del padre de un amigo suyo. Allí, gracias a sus curiosidad, comenzó a leer revistas, comics, libros, hasta que se topó con uno de Cervantes. Quería más, pero en las librerías no los encontraba, así que acabó en un Centro Cultural Español donde empezó a aprender el idioma. Se quedo allí a pesar de que no le resultó nada fácil y gracias a una beca consiguió venir a España. Desde entonces, y hasta hoy, aquí sigue. ¿Será por los grifos de cerveza? 😉

Su primera empresa la fundó con un australiano, en una buhardilla en Lavapiés. Allí creaban páginas web, para las que invertían semanas y lo hacían a base de prueba y error. Poco a poco empezó a programar y un día llegó la publicidad. Un banner en su web y listo. Al principio fue bien pero luego, todo se vino abajo. Tuvo que buscarse la vida y decidió ir a una empresa donde le dieron información de miles de hoteles para comenzar a gestionar las reservas a través de una de sus webs. Recibía las peticiones de los clientes, llamaba al hotel, fax viene, fax va y vuelta al cliente. Mucho más elaborado de lo que nos pensábamos, ¡de un simple click nada de nada! Ese fue el germen de lo que ahora es Destinia.

Destinia ha ido creciendo poco a poco pero el gran salto llegó cuando salió en los medios. Desde entonces, su única estrategia ha sido tratar siempre de buscarse la vida. Hoy Amuda tiene 12 empresas en diversos países y su joya de la corona, Destinia, no deja de darle satisfacciones. ¿Su último objetivo? El mercado iraní, allí son la única agencia de viajes occidental online. Sólo nos queda saber cuál será la siguiente, mientras, ya se ha ganado su sitio en Territorio creativo.

Antes de irse, Amuda nos ha dejado una frase de Santa Teresa de Jesús que le ha acompañado estos últimos años:

Lee y conducirás. Lee y no serás conducido.

Nosotros le hemos dejado nuestro libro para que no deje de leer, él nos ha dejado sus palabras para que nunca olvidemos que lo importante, es saber buscarse la vida.

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