Información vs conocimiento

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Toda estrategia que deseemos afrontar, desde la disposición a la ejecución de un proyecto hasta la definición de un plan Social Media, necesitará nutrirse de diferentes bloques de información que nos ayude a posicionarnos en el objetivo, sabiendo desde dónde partimos, indicándonos diferentes posibilidades y riesgos. En definitiva, clarificando y ayudando a tomar decisiones que nos lleven por el camino correcto.

Por lo tanto, se antoja fundamental e imprescindible entender y tener en cuenta la naturaleza y características de la búsqueda de la información como el ingrediente básico para alcanzar el éxito.

Empecemos por lo básico. ¿Sabemos lo que es Información? ¿Es la información la verdadera búsqueda? ¿el fin último? ¿Nos afecta la sobresaturación de información actual para encontrar respuestas a las preguntas?

Para poder identificar la información lo primero que deberemos hacer es intentar definirla. Entonces ¿Qué es información?. Y lo más importante: ¿qué no lo es?

Empezamos por la definición de la RAE donde define a la información como “Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada”. De esta aseveración, podemos destacar la naturaleza que la información tiene (ya sea comunicado o adquirido) como mensaje y por otro lado el conocimiento, como núcleo básico de la estructura de la información.

En otra aceptación más cercana podemos definir información como una cadena de datos consecuentes. Datos que Francisco Javier Garrido en Lo que se aprende en los mejores MBA lo define en términos generales como: elementos sin procesar, que precede a la información o, lo que es lo mismo, información en potencia, a partir de la cual se puede construir la información. A su vez podemos decir que son condiciones propias y esenciales del dato su independencia y su preexistencia en relación al espectador/observador. O lo que es lo mismo, el dato existe independientemente de si somos capaces de observarlo o no, su existencia no depende de nosotros. El mundo sigue estando allí miremos o no miremos. (Garrido, 2008: 35)

Por lo tanto, podemos definir la información como la interpretación de una serie de datos, en relación a una realidad y entornos concretos del observador que los dicta, la conclusión, en un momento y lugar concretos de un sujeto ante los datos que a los que se enfrenta.

Y es esta condición relativa la que en principio más nos tiene que alertar para llegar a una conclusión importante. La información no es ni absoluta ni verdadera, sino la interpretación que un observador en un entorno y momento concreto obtiene de unos datos dados.

Por lo que la sentencia de McLuhan que otorga a a información de “una importancia económicamente superior a la proteína“, es incompleta y habría que añadir que es necesaria la visión de esa información como una interpretación, desgranando los datos primigenios, analizando y dotándola de un sentido “real” a nuestra interpretación y proyección de los mismos.

Esto, en un mundo donde la intoxicación de información es cada día más acusada, se me antoja muy útil a la hora de interpretar y dar sentido a los valores e informes, repletos de una información que debemos de saber asumir e interpretar un valor mayor que al mero hecho de acumular cantidades ingentes de información que luego no vamos a saber o poder utilizar. Canalizar, en definitiva, los esfuerzos. No tanto en la cantidad de información que podemos conseguir, sino en la calidad e interpretación posterior de la misma.

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