La hoja de ruta de la transformación digital (infografía)

Estrategia, Transformación Digital

Nos gusta, en Territorio creativo, definir la transformación digital como un proceso de gestión que orienta la estrategia, la cultura, los procesos y las capacidades de una organización para canalizar la disrupción creada por el contexto digital. Esa fue la frase que acuñó Gonzalo Martín y que hemos difundido en diferentes publicaciones sobre Transformación Digital. Pero nos preguntan a menudo, qué pasos debería seguir una empresa que intenta abordar un proceso tan amplio, abstracto y confuso como éste. Creemos que el proceso de digitalización debería empezar de dentro afuera, aunque generalmente, suele recorrer el camino inverso: nuestros clientes son los que nos marcan el camino.

Si tuviéramos que marcar un camino, podríamos definir 5 pasos.

1) Estrategia digital

Se trata más de un marco de trabajo que de un plan de acción a 3 años. Para definir este marco debemos reclutar personas clave de la organización, y ayudarnos de agentes externos (asesores, observadores invitados, expertos, encuentros con startups) para cuestionar el status quo.

2) Capacitación digital

En paralelo a la estrategia, desarrollaremos programas de formación ágiles para dotar de visión digital y conocimientos básicos a las personas clave. Y convertir esta capacitación en un programa continuo de formación, para elevar el grado de “conocimiento digital” y extenderlo progresivamente en las organizaciones.

3) Organización

¿Cómo organizamos el trabajo para avanzar en este proceso? Pueden ser equipos a los que se dota de autonomía, un área horizontal que coordina programas o estructuras corporativas cercanas a la incubación de startups. Esquemas que faciliten la innovación abierta, con participantes internos y colaboradores externos y clientes.

4) Procesos

Adoptar metodologías ágiles de lanzamiento de proyectos piloto, que definen “productos mínimos viables” para realizar pruebas iniciales, obtener datos, refinar esos productos y servicios y llegar al punto de decisión de pasar de exploración a explotación. El objetivo de estos proyectos estarán principalmente orientados a mejorar la experiencia de nuestros clientes o a desarrollar nuevos canales de venta digital, nuevos productos y servicios digitales o modelos completamente nuevos de generación de ingresos, que están sustentados en la economía digital.

5) Medición y mejora

Engranada con la fase anterior, debemos dotar a nuestras organizaciones de capacidades para la captación y almacenamiento de datos (externos e internos, estructurados y no estructurados) que nos faciliten la toma de decisión, en todas las áreas de la compañía.

Los directivos tienen la clave para innovar

En cierto sentido, esta es la tesis principal del libro que publicamos con Planeta en enero de 2015, Lidertarios: creando imprendedores en la era digital. El siglo XX permitía a las organizaciones explotar sus ventajas competitivas durante períodos de tiempo más largos, y eso demandaba estructuras jerárquicas orientadas a la eficiencia. Pero la era digital reduce las barreras de entrada y obliga a las empresas a innovar a un ritmo frenético para subsistir. Para innovar, necesitamos personas que quieran innovar. Y esa motivación suele ser “intrínseca”, no “extrínseca”.

Por tanto la clave del éxito es que la alta dirección (el director general) lidere un proceso de cambio cultural y organizativo, que reduce progresivamente las jerarquías, dota de mucha mayor autonomía a los equipos, libera toda la información para el acceso universal a toda la organización, disminuye drásticamente el número de mandos intermedios, y los privilegios de la alta dirección, establece una cultura abierta de colaboración e introduce principios digitales que han cimentado el éxito de tantos proyectos digitales que permiten la organización colectiva y descentralizada.


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