FuncionariOS e IMprendedores: gestión y gestores

Management

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Fue Antonio Gramsci (1891-1937) el que a principios de los años 30 del pasado siglo declarara en sus estudios sobre la burocracia y sobre los bloques hegemónicos:

“Toda forma social y estatal nueva tiene la necesidad de un nuevo tipo de funcionario”.

Si atendemos a esta máxima y la liberamos de su enunciado más crítico, la pregunta es obvia: ¿qué tipo de gestor y de empleado público debe definir la Sociedad de la Información que ahora comenzamos a disfrutar?

No es seguro, de encontrarse en nuestra misma situación, lo que el genial pensador italiano habría contestado. Pero, probablemente, tendría mucho que ver con las habilidades, tareas y objetivos 2.0 que los servidores del Estado están llamados hoy a asumir en su relación con los ciudadanos.

La llegada del nuevo año y el inicio de un ciclo político distinto en España ha abierto interesantes reflexiones acerca de la estructura administrativa que realmente queremos, los servidores públicos que deseamos y la clase de ciudadanos que aspiramos a ser.

La Generalitat de Catalunya, puntera en el estudio de Internet y de sus impactos en los organismos públicos, sacó a la luz hace escasas fechas un artículo sobre predicciones en la materia para el 2012.

Este sencillo trabajo, enriquecido con las aportaciones en la bitácora #oGov de varios de los expertos en Gobierno y redes sociales más activos de la blogosfera hispana, traza cuatro grandes líneas de actuación para nuestra Administración en los próximos años:

  1. Tecnología orientada hacia las aplicaciones móviles y las soluciones “en la nube”.
  2. Transparencia y apertura de la información pública (Open Data).
  3. Conocimiento compartido y apoyo a la creatividad entre los empleados, entre estos y la Sociedad, y entre ésta y el sector público.
  4. Compromiso, vinculación con el usuario y escucha activa a través de las redes sociales.

Debe señalarse, en cualquier caso, que dichas tendencias se integran dentro de un proceso global de cambio más intenso y profundo, orientado a modernizar la actividad y la gestión pública e impulsado por una sucesión casi vertiginosa de tecnologías emergentes y convergentes.

Este modelo de Administración proactiva requeriría, por lo tanto, de unas estructuras, unos procedimientos, un enfoque de trabajo y un perfil de empleados y gestores públicos muy distintos a los que hemos conocido… un perfil vinculado directamente con el uso y participación de las redes sociales.

Raquel Poncela esboza, en esta línea, los retos digitales que los nuevos funcionarios deben asumir para la construcción de unas relaciones más innovadoras y productivas con los ciudadanos, tal y como las conciben los activistas del Gobierno Abierto (Open Government):

  1. Movilizar. Cambiar de concepto, innovar con nuevos servicios y crear aplicaciones. Un buen modelo es el de “eAdmon”, la aplicación desarrollada para iOS y Android por los propios técnicos del Gobierno central para facilitar una atención integral al ciudadano a través de dispositivos móviles.
  2. Socializar. Acudir allí donde ya se encuentran los usuarios, es decir, en los medios sociales, para escuchar, interactuar, acercar, evolucionar y participar.
  3. Comunicar. Los empleados deben aprender a comunicar; aproximarse a los ciudadanos, intercambiar soluciones novedosas, reivindicar una imagen más digna y realista de la Función Pública, ofrecer respuestas más optimistas y positivas sobre el valor de los servicios que mantienen.

Pero, ¿qué puede aportar realmente el social media a ese triple proceso de empoderamiento de los empleados, de la propia organización y de la sociedad que aspira a mejorar sus servicios públicos? Según Andrés Pastor, ofrece tres canales decisivos de escucha, participación y difusión. Con ellos, a su vez, se favorece una interacción y un aprendizaje colectivo más efectivo, que permite, entre otros logros:

  • Ampliar el alcance de prestación del servicio.
  • Intensificar los procesos de innovación interna.
  • Mejorar la satisfacción de los empleados.
  • Incrementar el acceso y la transferencia de conocimiento.
  • Reducir los costes operativos y de comunicación.

Carlos Marcos recuerda que este proceso de empoderamiento múltiple se produce de forma asimétrica, ya que no todos los actores aportan al sistema social lo mismo ni en el mismo tiempo. Distingue, además, tres principios básicos para la comprensión de las redes sociales en el ámbito de la Administración:

  • Independencia: las relaciones son espontáneas e individuales y no vienen motivadas por un contexto previo.
  • Persistencia: el resultado del proceso permanece para ser mejorado, aumentado y compartido.
  • Emergencia: las estructuras de colaboración emergen al mismo tiempo que sucede la misma.

La cuestión, en este punto, es cómo inducir o estimular esas conexiones sociales en diferentes planos de interacción. Según Marcos, la transparencia es el eje de rotación de este nuevo sistema público y el factor humano, mucho más que la tecnología, el motor necesario para el cambio organizativo y cultural.

En un próximo post veremos recomendaciones de uso para los gestores públicos en redes sociales, algo que entre otras cosas les puede ayudar a perder los miedos personales y profesionales cuando se planteen participar o cuando ya lo estén haciendo.

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