#EscribeBien en internet

Marketing Digital

El 20 de septiembre se presentó en la RAE -Real Academia Española- el libro “Escribir en Internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales”. Un manual de estilo, en la que han colaborado más de 40 expertos y académicos, sobre la correcta escritura en todas los soportes del ciberespacio, de recomendable lectura para cualquier hispanohablante, pero de obligado estudio para los profesionales de la comunicación, blogueros, –índice de contenidos y al prólogo de esta obra-.

Hasta aquí de acuerdo al 100% con la defensa de nuestra lengua y de la correcta escritura en las nuevas plataformas tecnológicas pero… “¡A buenas horas mangas verdes!”, diría el clamor popular. ¿No llega tarde? ¿No llevan años nuestros jóvenes ‘inventando’ su propio código de comunicación con SMS´s y “tuits” difícilmente entendibles? ¿Qué os parece? Y esta expresión no la entendáis con los tintes inquisitoriales que la acuñaron, sino con el de la humilde crítica de un internauta que lleva mucho tiempo leyendo en el ciberespacio.

El entorno 2.0 y uno de sus más importantes integrantes, Internet, lleva al menos una década razonablemente implantada en nuestros hogares y trabajos, donde se ha generado billones y billones de líneas de contenido escrito; en un mes puede que se escriba más que en todo el siglo de oro de la literatura española, aunque otro tema sea su ‘calidad’. Y de los 500 millones de hispanohablantes cada vez son más los que tienen acceso a él.

Desde luego, no es una afirmación ‘gratuita’ ¿Os dais cuenta de que muchos de estos textos y mensajes se han escrito en medios de comunicación de masas, como la televisión, a través de SMS´s o de las cada vez más importantes redes sociales, como el microblogging de Twitter?

Dejando aparte la evolución, la creatividad y la lógica introducción de nuevos vocablos que enriquecen una lengua, el hecho de que un SMS sea corto o un “tuit” tenga sólo 140 caracteres no es una excusa para cometer faltas, omitir reglas de escritura básica, como que una frase tenga sentido y, a ser posible, sujeto, verbo y predicado; ni da ‘licencia’ para acortar las palabras hasta dejarlas sin significado, sin la belleza de su contenido, de su tono, sin la esencia de su saber. ¿No somos conscientes de que lo que escribimos puede estar mal escrito y lo puede leer cualquiera? En mi modesta opinión esta ‘peculiar’ utilización del castellano en SMS´s y “tuits” es un reflejo de una ‘crisis lingüística’.

Además, el futuro pinta peor, la tasa de fracaso escolar en España es de las más altas de Europa y nuestros jóvenes muestran una desidia total por todo, incluido leer y escribir correctamente. Y lo afirmo con conocimiento de causa; he pasado muchos años en un medio de motor atendiendo “mails” de lectores y comprobando la pésima ortografía e incapacidad para expresar en unos párrafos un problema o una situación, sin cometer todo tipo de aberraciones gramaticales. Y sin que influyera apenas el nivel social, fuera un propietario de un lujoso Mercedes o de un económico Dacia.

¿Cuántas faltas gramaticales, errores de sintáxis, confusiones semánticas, abreviaturas ‘imposibles’… han tenido que ser necesarias para poner en marcha esta loable iniciativa?

Eso sí, esta crítica pretendo que sea ante todo constructiva y propongo que, tanto la RAE como las fundaciones colaboradoras que ‘giran’ a su alrededor, tomen una actitud más activa en la defensa de la lengua en internet. Podrían ponen en marcha un estudio serio de intervención en las redes sociales, con equipos de ‘community managers’ -por supuesto, profesionales formados en la corrección de estilo-, que se dediquen a ‘monitorizar’ internet, blogs, redes sociales, ‘microblogging’… para detectar ‘malos hábitos’ de escritura, corregirlos y enseñar el correcto uso del lenguaje. No con un afán de ser ‘inquisidores’ de la lengua sino del didáctico de trasmitir las bondades de nuestro rico idioma, cuidar nuestra lengua y cultura.

Me gustaría hacerles pensar en esta idea: las redes sociales han demostrado un efecto ‘viralizador’ positivo de divulgación y de ‘engagement’, que si se utiliza de forma inteligente, metódica y asertiva, puede expandir exponencialmente las ventajas de escribir bien. ¿Por qué no ‘aprovecharse’ de las redes sociales para diseñar una estrategia de formación?

Si recibiera un retuit o un mensaje privado de la RAE llamándome la atención por una falta ortográfica o cualquier otro error… En un principio me pondría la cara colorada, pero en el fondo agradecería la enmienda, la ayuda y, a buen seguro, tomaría las medidas oportunas para no cometer más los mismos errores. Seamos exigentes con nosotros mismos, ¿qué cuesta al menos pasar el corrector ortográfico del ordenador? Utilicemos con propiedad los términos en las redes sociales. Nunca es tarde si la dicha es buena.


Por último, aprovechando el lanzamiento de este tratado, la RAE, que también ha participado en esta necesaria iniciativa, anunció cuatro nuevas inclusiones al diccionario académico: “tuitear”, “tuit”, “tuiteo” y “tuitero”… Y cuál fue mi sorpresa cuando, al cierre de este post y pasado un mes del mencionado anuncio, tecleo “tuitear, tuit…” en el buscador del diccionario virtual de la RAE y ¡ojo! todavía afirma que ¡no existen! ¿Fallo informático? ¿Cuántos meses necesitan para publicarlo? ¿No se han dado cuenta de la inmediatez del ciberespacio y las exigencias y necesidades del internauta?

Bueno, me queda el consuelo de que si conjugo el verbo “tuitear”, emulando un conocido trabalenguas, no estaré escribiendo una barbaridad. Eso sí, ¿lo pueden “retuitear”? ¿han incluido “retuit”? Señores de la RAE corríjanme. Ahí va mi “tuit”:

El ciberespacio está tuiteado, quién lo retuiteará. El tuitero que lo retuitee buen retuiteador será. #EscribeBien @tcreativo @fcojesteban

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