El valor del papel impreso

Creatividad

Hace tiempo, leí en el blog de un amigo una frase de las que te hacen pensar. De las que te llegan hasta las entrañas y se quedan grabadas a fuego en lo más hondo de tu alma. Era una frase, dicha por el padre de este bloguero, que demuestra que padre no hay más que uno y que la sabiduría paterna es uno de los grandes valores de la humanidad. Y como siempre, está muy por encima de nuestras capacidades como hijos. Hoy por la mañana he comprobado cuánta razón tenía este buen señor.

Ayer ganamos el mundial, y sí, hoy lo primero que hemos hecho todo hijo de vecino es revisar todos los portales de noticias online para ver las mejores reacciones y editoriales sobre el PARTIDAZO que vimos. Hemos entrado en Youtube, y hemos comprobado que el beso entre un portero y una reportera es lo más visto en todo el mundo, que entre los 10 Trending Topics marcados por Twitter del día 5 hacen referencia a la victoria, que el mundo entero se felicita de que el Pulpo Paul como vidente no tiene precio.

Pero, ¡ay señores!, el padre de mi amigo tenía razón. Ante la profetizada y gradual desaparición del papel impreso como medio de comunicación, hoy a las 8:30 de la mañana me he dado cuenta de que no me valía todo lo anterior. He pasado por delante de un kiosco de prensa, y he sentido la necesidad de guardar un recuerdo de todo lo de ayer para poder enseñárselo a generaciones futuras, y contarles cómo y dónde lo viví.

Me he dado cuenta de que no me van a valer los discos duros, ni los pantallazos, ni tirar de un histórico guardado en caché. No. Todo lo vivido ayer, quedará para siempre en un recuerdo impreso.

Y es que el papel no puede desaparecer, ya lo dijo el padre de mi amigo:
“No sé Iñaki, me pareces un tío listo, pero no me veo limpiándome el culo con el laptop”

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