El trabajo en tiempos revueltos

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Estoy convencido que la mitad de lo que separa a los emprendedores con éxito y los que no tienen éxito es la pura perseverancia. Es tan difícil, pones tanto de tu vida en esto, hay momentos tan duros que la mayoría se da por vencida: no los culpo, es muy difícil y consume gran parte de tu vida. (…) A menos que tengas mucha pasión en lo que haces no vas a sobrevivir, vas a darte por vencido.

Steve Jobs

La palabra “emprendedor” está de moda. Queremos ver en ella alguien con una determinación por encima de la media y unas habilidades superiores al “empleado”. Pero para disgusto de los creadores de mitos o de la sorprendente definición en la Wikipedia, el emprendedor ha dejado de ser una categoría de “superhéroe” para convertirse en una opción cada vez más necesaria de cómo abordar tiempos revueltos, en los que el empleo bajo el modelo bendecido por el Estatuto de los Trabajadores boquea como un pez fuera del agua.

Los patrones de conducta inculcados de generación en generación que nos han preparado para ser serviciales, obedientes y alejar de nosotros la tentación de la iniciativa propia – haciendo bueno el concepto tan arraigado en España de “que inventen ellos” – empiezan a parecer cosa del pasado, destilando un reconocible olor a naftalina.

Además, uno descubre pronto que trabajar ocupa la mayor parte del tiempo. De hecho, el tiempo de ocio es muy limitado y lo que es más evidente, no es estanco, no somos trabajadores un tanto por ciento de nuestro tiempo y personas ociosas el tiempo restante. El devenir de los tiempos está marcando claramente la mezcla de ambas situaciones sin solución de continuidad. Lo que hace imprescindible abordar el trabajo como un tiempo en el que “disfrutar”, antes de ser un mal menor que nos resignamos a padecer a cambio de una nómina.

¿Cuáles son los mimbres para abordar el cambio?
La mezcla de actitud personal y de capacidad profesional está encima de la mesa, como siempre lo ha estado. Sólo que en estos momentos en los que los que se está reconfigurando los perfiles de actividades profesionales especialmente con la avalancha de actividad en lo referente a Internet y nuevos perfiles, la actitud personal marca claramente la diferencia:

  • Hacer lo que nadie espera de nosotros. El difícil equilibrio entre ser de confianza y ofrecer más de lo que esperaban de nosotros. Cuando creen habernos cogido el paso, es el momento de cambiar el ritmo y ofrecer soluciones diferentes, capaces de sacar a las organizaciones de su rutina. Por practicar la palabra “innovación” y por mostrar nuevas capacidades. Pero, sobre todo, por dejar clara la actitud proactiva.
  • No hacer las cosas según el libro. Tendremos pocas opciones para destacar y podría conducirnos a ser iguales a los demás a la hora de aportar soluciones. Y nadie nos distinguirá de entre el resto de la oferta. Mal punto de partida.
  • No dejar para mañana lo que podamos hacer hoy. Uno de los objetivos prioritarios: “procrastinación cero”. Hacer más y decir menos, pero sobre todo hacerlo antes que los demás. Sigue siendo la garantía de éxito en cualquier mercado, todavía más en el nuestro, donde el “pico” gana a la “pala” con demasiada frecuencia.
  • Aferrados a nuestro foco, pero sin miedo a cambiar. Necesitamos foco. Abarcar demasiadas cosas nos aleja de apretar con el tesón necesario en los momentos que más se necesitan. Un mar de oportunidades terminará ahogándonos porque tratamos de nadar en todas las direcciones. Sin embargo, la capacidad de cambiar, de salir de nuestra zona de confort es condición de triunfo hoy en día, no renunciemos a evolucionar.
  • Movernos hacia el lugar donde la bola estará, no hacia donde está ahora. La capacidad de anticipación es clave en cualquier juego, pero parece especialmente necesaria si uno quiere tomar las riendas de su destino.
  • Trabajar en equipo. Flexibilidad para acoger y trabajar con al talento. Las personas somos poliédricas, con múltiples facetas y es un reto adaptarnos a los demás. Pero no hay otra forma de ser más grandes y más fuertes. La individualidad como punto de partida es básica, pero ganan los que saben trabajar en equipo, acogiendo a los demás.
  • Perseverancia. Por último, pero no menos importante. Las palabras de Jobs – que arrancan esta entrada – son el reflejo de la experiencia. Frente a la tónica general que afirma que un emprendedor es alguien con capacidades “inalcanzables” por encima de la media, la realidad bien distinta es que la más importante de las cualidades para abordar cualquier situación que la vida nos plantea es la perseverancia. La diferencia real del éxito es que muchas veces un equipo, una persona, han continuado donde los demás han parado.

Para hacer frente el nuevo modelo de mercado de trabajo al que nos enfrentamos y entender por qué unas personas consiguen avanzar mientras otras se quedan, no debemos buscar magia. La mayor parte de las veces consistirá en una nueva combinación de elementos ya conocidos. Tal vez, por ello, a tantas personas les resulta complicado cómo abordarlo porque les obliga a cambiar el modo en el que hacían las cosas hasta el momento y, sin embargo, tienen en su interior las herramientas para conseguirlo.

Y puestos a destacar una de ellas, sin duda, la perseverancia.

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