El día de cine, palomitas y gadgets de una #Socialholic

Social Media

Todo empezó con un tweet. Un tweet emocionado y lleno de admiraciones de alguien que, en 140 apasionados caracteres, recomendaba una película como si fuera lo más impactante que había visto en meses, en años… en toda su vida. Ese tweet no habría llamado más mi atención ni aunque hubiera estado patrocinado, iluminado y en 3D. Esa película HABÍA QUE VERLA.

Mi cabeza empezó a funcionar rápido y a vislumbrar las distintas opciones para conseguir esa hora y cuarenta de diversión cuanto antes: ¿Filmin? ¿Netflix?, ¿Confiar en el catálogo de la AppleTV? ¿Probar suerte en Youzee? ¿Tal vez caminos más oscuros, parche en el ojo mediante?

Pero, eh, parémonos un momento a pensar. ¿Quién es este twittero? ¿Le conozco? ¿Acaso he de suponer que su opinión coincidirá con la mía? ¿Y si lo que recomienda es para mí una pérdida de tiempo? Con un catálogo cultural tan amplio y tan poco tiempo de ocio para disfrutarlo, no hay excusa para entretenerse con películas mediocres y series sin gancho. Para no ir tan rápido y asegurarme de que mi pesquisa cinematográfica iba a merecer la pena, el siguiente paso fue contrastar esa opinión cazada furtivamente en Twitter.

Tal vez podía haber mandado un Whatsapp pidiendo opinión a algún amigo cinéfago o probar caminos más enrevesados como encuestas en Facebook, seguir confiando en el mismo Twitter e iniciar interminables cadenas de tweets y replies entre entendidos. Pero decidí ahorrar tiempo y recurrir a las “fuentes oficiales”.

Y, en un entorno online, esas “fuentes oficiales” no son otras que los espectadores; el público al otro lado de las pantallas, primero la del cine o TV y después la de su ordenador o Smartphone. Esta gente, deseosa de compartir su opinión, evangelizar a otros potenciales espectadores y convertirse de algún modo en parte de esa cadena, iba a ser la que decidiera cómo iba a pasar mi noche de cine y palomitas.

En busca de estas opiniones, inicio un rápido recorrido por IMDB, Rotten Tomatoes, blogs y foros especializados y, una vez comprobado que la película tiene todas las estrellas y tomatitos frescos que considero oportunos, sólo queda una última comprobación: ¿Qué opinan de ella mis “almas gemelas” de Filmaffinity? Bien, pues parece que ellos dan el ok y ya está decidido: hay plan para esta noche, chicos.

Una vez conseguida la cinta en cuestión (no preguntéis cómo), es ahora cuando empieza la tragedia cotidiana de esa pareja/amigo/pobre incauto que se prepara para lo que cree que es una película en compañía, pero que se encuentra con un “tú, yo, tu iPhone y tu iPad”. Porque, cuando uno es un #socialholic y al atributo “nerd” le añade, además el de “geek”, estamos ante un cocktail explosivo que tiene al déficit de atención y al multitasking como resultados inevitables.

Un checkin en Miso, otro en GetGlue, un tweet anunciando a quién quiera leerme que me dispongo a darle al play… ¡y empezamos! Pero sin dejar los gadgets lejos… por lo que pueda pasar.

Y, efectivamente, pasa. No me lleva mucho el acabar recurriendo de nuevo a Miso o Getglue para ir leyendo comentarios de otros usuarios, que están viendo mi película al mismo tiempo que yo; revisar una vez más opiniones en Netflix o IMDB sobre algún que otro polémico giro de guión… Pupilas que se mueven ágilmente de una a otra pantalla y amigos que empiezan a ponerse nerviosos conmigo cerca. Y eso que no estoy viendo una serie, en cuyo caso hasta podría ir haciendo mis apuestas en Miso sobre la evolución del capítulo en cuestión o compartiendo intrigas y retortijones a través de Whatsapps con toda una red de sincronizados amigos.

Un tweet por aquí y otro por allá con los que voy compartiendo mis impresiones de escenas, personajes e interpretaciones y, tras asegurar repetidas veces a mis acompañantes que “Sí, os juro que me estoy enterando de la trama”, llega el esperado The End.

No sé, la verdad es que no sabría reproducir escena por escena de la película, puede que se me hayan escapado un par de diálogos y, definitivamente, no recuerdo lo que llevaba puesto la protagonista, pero termino la sesión con la sensación de que esta película la hemos visto juntos, no sólo los que estábamos en mi sofá, entre risas, palomitas y golosinas, sino unidos a todos aquellos que han decidido compartir su vivencia online y enriquecerla aún más con sus aportaciones.

En fin, que no sé si mejor o peor pero la experiencia del espectador de cine #socialholic se dilata notablemente en el tiempo y se convierte en todo un ritual rodeado de nexos, información, conocimiento, implicación… personas. A mí, desde luego, me merece la pena.

Y ahora, si me disculpáis, os dejo, que tengo unas cuantas estrellas, reseñas y valoraciones que repartir 🙂

Eso sí, por si acaso se os pasa por la cabeza, no creo que llegue hasta este punto… aunque todo se andará:

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