Conoce a los iGen

Investigación, Transformación Digital

Aunque no existe una definición precisa, se conoce como iGen al grupo generacional nacido entre 1991 y 2000, es decir, con edades ahora comprendidas entre los 16 y los 25 años. Los iGen están unidos al concepto de “nativo digital”. Las pantallas, Internet y los aparatos conectados han formado parte de su entorno más cercano desde su nacimiento. Para esta generación no ha existido la transición de lo analógico a lo digital que han conocido generaciones anteriores: el componente digital está plenamente integrado en su ADN.

Desde niños, los iGen han incorporado de manera intuitiva las tecnologías del siglo XXI a su entorno de aprendizaje y juegos, interiorizándolas y acostumbrándose a interactuar con ellas. Esta relación natural configura nuevos modos de relacionarse socialmente, comunicarse, consumir o trabajar.

iGen es una generación olvidada, incómodamente incrustada entre los Millennials, sobre cuyas pautas de consumo se ha investigado extensamente, y la llamada Generación Z, todavía en edad escolar.

¿Por qué iGen?

Los miembros de más edad entre los iGen tenían 10 años cuando se presentó la primera versión del iPod. Toda esta generación ha crecido en una era dominada por el aura de Steve Jobs, rodeados de iPods, iPhones y iPads. Esto no significa que todos los iGens sean devotos de Apple, pero sí que la estrella de una de las marcas más cool del mundo ha brillado en su horizonte vital desde que tienen recuerdos.

Así viven, así piensan: 4 macro tendencias que perfilan al iGen

1. Identidades únicas

Los iGen componen un nuevo concepto de comunidad, inédito hasta ahora: tecnificada, urbana, versátil, mutante, comprometida. A diferencia de sus padres o abuelos, los jóvenes
 ya no se ven culturalmente constreñidos por
la cercanía geográfica. La tecnología permite aumentar los vínculos y las relaciones, interactuar con diferentes ideas e intereses por encima de las fronteras físicas. Al mismo tiempo, Internet facilita el acceso a cientos de culturas y subculturas que de otra forma nunca habrían descubierto.

Los iGen son reacios a las etiquetas. Eso no significa que las subculturas hayan desaparecido, pero sí que muchos jóvenes se resisten a inscribirse en uno u otro subgrupo. Simplemente toman lo que les gusta de aquí y de allá, lo que les inspira o lo que les conviene, y lo incorporan a su identidad caleidoscópica.

Los indicadores tradicionales de éxito y madurez, como el matrimonio, los hijos o la carrera profesional, van dejando paso a un modelo más flexible de consecución de hitos. Los “micro momentos”, o pequeños momentos de realización personal, se han convertido en una nueva medida del éxito, siguiendo la estela de los youtubers e influencers más populares, que muestran sin pudor sus vidas en la red. Con el deseo de emular la consecución de esos micro éxitos, la cultura de los iGen se conforma en torno a hitos más maleables, y a una concepción más fluida de sí mismos.

2. Lo uso, no lo compro

La economía colaborativa es aquella en que la compañía que más habitaciones alquila en el mundo no posee ninguna en propiedad; donde el mayor servicio de alquiler de coches no tiene una flota de vehículos propios; donde uno de los mayores comercios del mundo se compone de gente que compra y vende bienes usados. Hablamos de Airbnb, de Uber, de Ebay. Y de un nuevo entorno en el que el iGen se mueve como pez en el agua.

Uno de los apelativos con los que se reconoce a los iGen es el de “Generación Suscriptora”: el tradicional concepto de “Poseo” se sustituye por el de “Comparto”. Trabajan en espacios de coworking, se desplazan en vehículos compartidos, invierten en proyectos de cocreación… Esa opción por el uso temporal (vía suscripción, alquiler o gastos compartidos) se debe en parte al deseo de acceder siempre a la última o más elaborada versión de un producto. Pero también al cambio de horizontes y valores: en un entorno de incertidumbre en el corto y medio plazo, el iGen prefiere satisfacer un deseo inmediato antes que pensar en cubrir una necesidad a largo plazo.

Los jóvenes de 16 a 25 años valoran sobremanera las experiencias, particularmente aquellas que pueden ser compartidas en los medios sociales
y contribuyen a edificar su marca personal. Esta preferencia está impulsada tanto por el deseo de reconocimiento como por el temor a la exclusión social.

Sea por su actitud vital o como respuesta al entorno económico, los iGen no invierten en propiedades a largo plazo, son ecológicamente comprometidos y más propensos a compartir experiencias que a esforzarse en escalar la pirámide de las posesiones materiales.

3. Gratificación instantánea

Los iGen están habituados a los accesos a Internet de alta velocidad, a las entregas 
de productos en 24 horas, a las descargas y streamings inmediatos, a los pagos con tarjetas contactless. El valor del momento se percibe en el éxito de aplicaciones como Snapchat o Instagram Stories. Amazon acaba de presentar en España sus Dash Buttons, un pequeño dispositivo conectado vía wifi que permite encargar una compra recurrente con sólo apretar un botón. BBVA permite darse de alta como cliente desde el móvil y operar con una cuenta en menos de diez minutos.

La demanda de gratificación instantánea está condicionando el futuro del comercio, de los medios y de la banca. Según una encuesta de Trustev, el 56% de los jóvenes espera que los vendedores ofrezcan la opción de entrega en el mismo día. Otro estudio de Coldwell Banker Commercial Affiliates concluye que el 64% de los jóvenes prefiere comprar a un vendedor
que entregue antes de 24 horas. Esas 24 horas parecen incluso una espera demasiado larga para el iGen. Si tengo en la mano un smartphone siempre conectado, ¿por qué nadie me va a hacer esperar?

Sólo la innovación puede satisfacer esta demanda de máxima agilidad. La eficiencia se da por descontada, y perseguir esa inmediatez debería ser el objetivo de los líderes de cada industria. Es crítico facilitar al cliente información actualizada sobre el estado de su compra, sus cuentas bancarias o cualquier otra operación. Los iGen saben lo que quieren, y lo quieren ya.

4. Confianza en personas “reales”

Los métodos publicitarios se renuevan. La concepción de quién es “famoso” ha cambiado respecto a las generaciones anteriores, y los mensajes de las marcas no resuenan de la
 misma manera. El grupo de 16 a 25 años espera recomendaciones reales de gente “real”. Según Nielsen, el 92% se fía más de una recomendación de un individuo (incluso si no lo conoce personalmente) que del mensaje de una marca. Este cambio en el foco de atención ha llevado a la explosión del Influencer Marketing, una pujante industria valorada en más de 180 millones de euros.

En cualquier caso, es importante recordar
 que la relación entre los iGen y los modernos influencers está construida sobre la base de la confianza y un sentimiento de accesibilidad y autenticidad. Si los contenidos promocionados o pagados por las marcas invaden el mensaje de bloggers, instagrammers o youtubers y acaban con esa percepción de utilidad y relevancia, los iGen simplemente los ignorarán.

El marketing de influencias ya no es una tendencia emergente, sino una realidad con mucho futuro por delante. El iGen se ampara
 en la comunidad: deposita su atención y su confianza en personalidades accesibles, con las que puede desarrollar una relación de cercanía, siquiera digital. Plataformas como YouTube, Instagram o Snapchat se especializan en ofrecer información valiosa para el consumidor, y empresas y marcas buscan el beneplácito del consumidor social.

Los iGen y el manejo del dinero

Los jóvenes anhelan una experiencia unificada con el dinero a través de las dimensiones digital y física. Les resulta especialmente irritante la ausencia de esa fluidez entre lo virtual y lo físico, por ejemplo, cuando no pueden acceder a su 
dinero (el banco está cerrado, la tarjeta tarda en llegar) o no pueden realizar un pago instantáneo. Es por eso que el grado y madurez en la digitalización resultan decisivos a la hora de decantarse por una entidad bancaria. Los jóvenes demandan acceso a su dinero cuando quieran y como quieran, con una disponibilidad 24 x 7 x 365.

El iGen ahorra en pequeñas cantidades, generalmente pensando en proyectos o planes que quiere llevar a cabo. Sus ahorros tienen un horizonte a corto y medio plazo: muy pocos ahorran con la idea de comprar una casa o 
un piso.
La incertidumbre sobre los ingresos futuros condiciona los compromisos financieros a largo plazo. La ausencia de cargas financieras prolongadas supone en cualquier caso una sensación de libertad de la que no disfrutan generaciones anteriores.

Sin embargo, a la hora de decidir
 qué hacer con sus ahorros -sean más o menos voluminosos-, los iGen no encuentran en los bancos los incentivos al ahorro que éstos ofrecían en el pasado. Durante nuestra investigación hemos encontrado que los jóvenes no siempre son conscientes de las ayudas que pueden encontrar para gestionar su dinero, pero generalmente se muestran agradecidos cuando las reciben.

Accede aquí al estudio completo: ¿Son los bancos el futuro de la banca?

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