Ana Free, cantautora en Social Media

Social Media

Ana Free es una cantautora portuguesa de 23 años. Hace tres comenzó a colgar vídeos tocando su música regularmente. Acaba de grabar su primer EP con cinco canciones, ha colocado cuatro en el Top 5 de su país y ha grabado un videoclip en Nueva York, además de participar en la banda sonora de una película de Disney. Sus fans la adoran y su canal de YouTube, donde todo comenzó, ha registrado más de 22 millones de visitas en este tiempo.

Ana Free, nativa digital por edad y Social Media Manager ejemplar por méritos propios, ha creado eficazmente una gran comunidad en torno a ella empleando todo tipo de medios a su alcance. YouTube (63.250 suscriptores) ha sido su base, pero también se ha apoyado en MySpace (8.546 amigos), Twitter (7.410 seguidores) o Facebook (25.847 fans, amigos o como quiera que lo llamen ahora). Distribuye su música desde su propia página web, pero también desde iTunes, Amazon y su discográfica. ¿Cómo lo ha logrado?

Siendo ella misma y aplicando la inteligencia de una chica criada entre dos culturas (su madre es inglesa) y con un expediente académico brillante. Colgó sus primeros vídeos, se presentó al mundo contando quién era, qué hacía y qué quería y perseveró. Fue versionando canciones populares a la vez que componía las suyas, colgando sus experimentos, sus fallos y sus momentos de diversión musical.

Pero, sobre todo, no ejerció de producto de marketing y mantuvo el contacto directo con la comunidad que había originado en torno a sí. A día de hoy, sigue editándose sus propios vídeos como al principio y trata de responder a todos los mensajes que recibe a través de sus redes sociales. Ayer mismo colgó el último, con el que abrimos esta entrada.

Poco a poco fue mejorando, sus fans fueron vinculándose afectivamente a ella al verla progresar (incluso le regalaron un vídeo de felicitación colectivo por su cumpleaños), realizando colaboraciones con otros artistas de la Red (como Maria Zouroudis), pidiendo que la recomendaran y la pidieran en las radios locales.

Otro de sus puntos fuertes ha sido un uso profesional de todas las herramientas Social Media, algo que parece común a su generación. Buena parte de sus vídeos de YouTube son una joya de enlaces, etiquetas simpáticas y no intrusivas con enlaces a su página o pidiendo ayuda. Su página de Facebook es ejemplar: nuevos contenidos sobre ella con una regularidad casi diaria.

Nuevamente aquí podemos ver la importancia de la autenticidad: es ella misma y su relación con sus fans es genuina porque se lo debe todo, lo sabe y los quiere por ello. Atiende y dedica tiempo a sus redes sociales, pero no de forma acartonada, sino siempre mostrando que está en marcha y haciendo algo. De eso se trata.

Y esta es precisamente la mejor lección que podemos extraer del caso de Ana Free: la autenticidad. Si queremos jugar a ser una gran marca, seámoslo y dejemos de fingir una relación directa con el cliente cuando, en el fondo, esto es imposible. Por el contrario, tratemos de tener una oferta, una atención al cliente y una capacidad de dar algo más al cliente propias de una gran marca.

Si, por el contrario, queremos tener una relación personal con el cliente, tendremos que cambiar lo que hacemos. Los trucos y los guiños de la comunicación ya no son ningún secreto para generaciones que han crecido a la sombra no ya de un televisor, sino de un ordenador con conexión a Internet. Si queremos establecer una relación directa, tendrá que ser honesta. Y la única forma es la apertura. Mostrar al cliente cómo somos, nuestro proceso productivo, qué nos motiva y por qué nos acercamos a él.

Resulta paradójico, pero gracias a la nivelación que ha supuesto el boom 2.0, el mismo tipo de cosas que nos inspiraba confianza en una tienda de barrio (conocer al tendero, ver que no pretende engañarnos, constatar que sabe de lo que vende y que vende calidad) son las que volverán a funcionar ahora que la información está al alcance de todos. En definitiva, un nuevo tipo de relación cara a cara.

Vía | Rohit Bhargava

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