Amazon y el nuevo “Bookonomic”

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Nadie podría haber sospechado que en la fiesta organizada por Rupert Murdoch una lluviosa noche de noviembre de 1997, entre la flor y nata del mundillo editorial neoyorquino, se encontraba un joven idealista que se convertiría años después en el gran enemigo que pondría en jaque a toda la industria que ese día comía canapés y champán sin el más atisbo de peligro sobre sus poderosas cabezas.

Ese chaval, ingeniero de electrónica e informática que respondía por Jeff Bezos, acababa de salir a bolsa con una empresa “de Internet” llamada Amazon y por aquel entonces intentaba hacerse hueco en el entramado y complejo mundo de la venta de libros, con la novedad de hacerlo sin necesidad de una transacción física entre el comprador y el vendedor que, en palabras del propio Jeff, definiría poco después así:

“Nosotros somos realmente buenos haciendo solo una cosa, que es ayudar a nuestros clientes a descubrir cosas que puedan necesitar y comprar online. Y con eso nos conformamos”.

Esta afirmación fue cierta durante varios años en los que la relación entre “el chico de Internet” y las grandes editoriales, como las Big Six Random House, fue idílica. Unas se beneficiaban de un nuevo canal de venta y la otra de tener lo mejor y más nuevo de la actualidad editorial. Por el camino, Amazon amplió su espectro convirtiéndose en una de las mayores tiendas de comercio electrónico de la actualidad y uno de los pocos “negocios en Internet” que no dependía de un modelo publicitario para conseguir cifras millonarias de negocio.

Pero las cosas empezaron a torcerse. En parte, por la obsesión de Jeff de saber conscientemente que la inmovilidad de aferrarse a un modelo exitoso demasiado tiempo sin cambiar nada o probar nada nuevo está destinado al fracaso. Y por ello, innovar y seguir buscando nuevos caminos fértiles donde continuar creciendo no era una opción, sino una necesidad vital. Por ello a finales del 2007 saca a la luz su versión de una nueva forma de experimentar con la lectura. La tinta electrónica y su Kindle.

Esta revolución en el soporte traería consigo otra revolución, aún mayor: el cambio de poder de las grandes firmas editoriales y su Status Quo en la cultura de los Estados Unidos.

Enemigos y reconversión

El cambio de rumbo era inminente y solo estábamos en la primera estación. Las grandes editoriales que habían decidido el quién es quién de la cultura estadounidense de los últimos siglos, se enfrentaba por primera vez en su dilatada historia con un adversario que podía hacerles frente y tener poder de decisión.

Muchas fueron las reacciones, la mayoría enfocaron el problema pensando (aún hoy lo piensan) que Amazon es el diablo en persona y el enemigo Nº1 a combatir. Y los últimos movimientos por parte de Amazon no invitan a un cambio de posiciones, sino más bien a todo lo contrario. El pasado año Amazon dio el salto y se convirtió en “una editorial” con el anuncio la creación de Amazon Publisher que, en palabras de su vicepresidente Jeff Belle, definía como “la construcción de un laboratorio desde dentro, donde autores editores y profesionales de marketing puedan experimentar”. En pocas palabras, no hay que ser muy listo para intuir que lo que quiere Amazon es aprovechar su increíble comunidad labrada en los últimos años acercando a los autores de las obras, sin pasar por las editoriales.

Podría parecer que Amazon, a fin de cuentas, se está convirtiendo en este sentido en otra editorial más, en otro jugador por su trozo de pastel. Jeff y sus chicos juegan con mucha ventaja, tanto para convencer a los autores que pasarían a recibir más del doble de lo que reciben ahora (los autores pasarían a recibir del 45% al 50% del precio de venta). Y los consumidores también se beneficiarían con un precio menor o como Business Week apunta: Amazon ha cambiado el “Bookonomic”.

Las grandes editoriales como Simon & Shuster, Harper Collins-Penguin, Hachette o Macmillan, por citar algunas, tienen motivos para preocuparse. Hoy quizás se estén dando cuenta que ayer debieron tomar las riendas, al cambio de paradigma mundial en el que estamos inmersos. Quien entienda que alimentar fobias y centrar las iras en esta o aquella empresa, que les están quitando “su queso”, no es el camino. Los que reconozcan con humildad sus errores, y trabajen con una verdadera vocación por la innovación serán los que (más posibilidades) tengan de tener un futuro en el mercado.

Por el momento, Amazon está moviendo ficha y no es la única en este goloso mercado… veremos cuál es la estrategia del “establishment editorial”, la vida les va en ello.

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