Agentes de cambio en el hábitat de la escasez

Management

Continuamos la reflexión iniciada hace unos días con el post ‘Crisis oportunidades y otras hierbas’, donde exponía la situación actual de escasez y crisis histórica y no caer en el pesimismo. Estamos en un momento propicio para los cambios, propicio para las mejoras. En definitiva, propicio para convertir a los capaces en los dueños de la situación.

Ya no vale con ser uno más. La única forma de conseguir aquello que mereces es convirtiéndote en imprescindible. (Seth Godin)

Hoy quiero centrarme en el enfoque del único e irremplazable recurso vital de cualquier proyecto que queramos abordar: las personas. Solo pensarlo parece ridículo, pero solemos olvidarlo por obvio.

Siendo así (personas como piedra filosofal de cualquier tipo de movimiento o avance) y en un país donde parece que no encuentran lugar el 21 % de la población activa, deberíamos intentar reflexionar qué somos capaces cada uno de nosotros para evitar esta situación. Es fácil caer en la tentación de que situaciones tan globales y tan poco comunes en el día a día, nos hagan pensar que somos hojas al viento sin poder de decisión sobre el estado actual de los acontecimientos. Nada más lejos de la realidad.

Ser ejes

El mundo está cambiando (de nuevo), y no va a esperarte, así que es necesario que seas tú mismo el que decidas qué hacer con esta situación. Puedes esperar a que las cosas cambien (mejor dicho: vuelvan a ser como una vez fueron) o puedes convertirte en individuo, en único, en alguien que dicte y piense en ser y dejar su impronta… En salir del caparazón de un bienestar que ya no existe y ser capaz de marcar la diferencia en un tiempo donde se necesitan hechos, no palabras.

Los ejes (concepto acuñado por el Señor Seth Godin) definen a las personas que en cierto modo son imprescindibles dentro de sus organizaciones. Esas persona son, hoy más que nunca, aquellas que han entendido y sabido descodificar las necesidades reales en el actual mercado. Individuos que pueden meterse en el caos y crear orden, capaces de inventar, conectar, crear y, sobre todo, ser los responsables de que las cosas sucedan.

No tienen miedo a exponer, equivocarse y aprender para seguir haciendo, precisamente eso, que las cosas ocurran. Estas son las personas que todas las organizaciones están deseando tener y que saben además el precio que cuestan (los imprescindibles).

¿Es arriesgado? Claro. ¿Garantiza el éxito? Por supuesto que no. Pero no existe alternativas. O te sumerges en el sistema (antaño protector y benefactor de los que no querían ni necesitaban arriesgar), o descodificas la situación (y los cambios que están surgiendo de ellos) y trazas el itinerario de un camino propio, con una marca personal. Debes decidir “crear” tu propia solución. Que te defina, te coloque en una posición y que pueda llevarte a “hacer que las cosas sucedan”. O mejor dicho: “te sucedan”.

La pasión

Hacerse imprescindible no es fácil. Implica en la mayoría de los casos desempeñar un trabajo difícil. Una tarea que tiene que ser vital, que tiene que estar totalmente enlazada con nuestra esencia y que nos va a pedir una total entrega. Por ello, hay que ser fiel a uno mismo y darse cuenta que este solo puede ser recorrido (sino queremos desfallecer por el camino), siendo conscientes que son labores que requieren de madurez, fortaleza y cantidades enormes de pasión.

Lo difícil no es levantar pesos, ni manipular una pala, ni afilar un lápiz, ni organizar un archivo… Lo difícil es exponerse a los demás, luchar por tu sitio y aportar cambio en el proceso. Sin pasión y una total convicción con lo que hacemos no tendremos la enorme energía que esto supone. Las posibilidades de éxito se minimizan.

Para explicarme permitidme daros un ejemplo: piensa en un científic que tiene el objetivo de descubrir un remedio para el cáncer. Piensa si durante su trabajo está pensando en sus vacaciones o mirando el reloj constantemente para irse a su hora de su laboratorio. ¿Realmente piensas que tiene la aptitud para poder superar un reto de esa magnitud?

Pero no me mal interpretéis. El descanso “es necesario” y una vida completa necesita de muchos y distintos estímulos, pero para poder ejercer de imprescindibles necesitamos dedicarnos a una tarea donde el estímulo y el motor sea algo más que el la remuneración económica y donde invertir toda tu pasión y energía nos conmueva… Y permita llegar a “ser personas que permiten que las cosas sucedan y cambien”.

En definitiva, vivimos unos momentos de incertidumbre y es ahora o nunca cuando debemos de tomar todos una decisión. O si no, seguiremos sumergidos en el anonimato y esperaremos que todo vuelva a “la normalidad” con un curriculum, una carrera o un trabajo de 9-5 horas.

O circulas el recorrido incierto, el de los ciudadanos del siglo XXI que saben que nadie va a cumplir sus sueños, o estarás mirando a una seguridad que es un espejismo del pasado. El mercado actual está pidiendo a quien quiere y necesita dictar sus propias reglas para escribir su propio futuro, ¿a qué esperas?

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