¿A quién pertenece el anuncio?

Publicidad y Medios


Why Advertising Sucks hace honor a su nombre y enumera cinco actitudes de sus clientes que le sacan de quicio. Su queja puede resumirse en: el cliente pide la Luna para todas las ocasiones y luego hace lo que le da la gana. En concreto, se queja de que le trastoquen un anuncio una vez entregado, haciéndole quedar mal a él y a su agencia, que pierdan un montón de tiempo en discutir detalles inútiles. Inútiles porque no afectan a la eficacia del anuncio.

Y esta es la duda: ¿tiene el cliente derecho a hacer cuanto quiera con el anuncio una vez pagado o debe respetar la “propiedad intelectual“? de la agencia? Por una parte, podemos considerar que ha pagado por un trabajo y que éste, cuando le ha sido entregado, ya es de su propiedad. Si quiere mover el rótulo, agrandar el logo y añadirle un estampado de flores de fondo, puede hacerlo. Es lógico que, si el anuncio es su imagen, quiera tener control sobre ella y controlar su aspecto.

Por otra parte, el anuncio ha sido creado con una intención concreta buscando un resultado. Que el cliente haga ver su anuncio a cada directivo de cada departamento y le permita darle su toque personal, puede resultar contraproducente para todos; empezando por el propio cliente, que puede deshacer el trabajo por el que ha pagado. La agencia también tiene una imagen que mantener de cara a otros clientes y a su competencia.

Pero, ante todo, la agencia también quiere que el anuncio funcione y el cliente quede satisfecho. Un anuncio que satisface al cliente, pero no funciona termina frustrando y haciendo perder dinero a ambos. Se trata de lograr el mayor número de ventas para el cliente, en primer lugar. Hacer arte es deseable, pero después de lograr que cada persona que lo vea anhele comprar el producto anunciado.

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